La campaña de la extrema izquierda para silenciar a los críticos del Islam

critislampor Edmund Standing  en butterfliesandwheels.com
Traducido por Lorenzo Braschi

Hoy, muchos autores liberales y progresistas[i] [N.d.T: En el mundo anglosajón, la etiqueta de “liberal” tiene una connotación diferente de la que tiene en España. Aquí se refiere a una política de derecha, ligada a la idea de liberalismo económico. En EEUU y Reino Unido hace más referencia a una política social (y por tanto se haya más próximo al uso tradicional del término) ligada a la izquierda política] críticos con el Islam y las políticas islamistas se ven acusados de ‘islamofobia’, y de lejos los más prolijos promotores del mito de la campaña liberal de odio contra musulmanes se encuentran en la extrema izquierda laica del espectro político. Para muchos, esta obsesión con cazar y condenar ‘islamófobos’ parece un fenómeno algo extraño, pero la aparente preocupación de la extrema izquierda por exponer y condenar la ‘Islamofobia’ debe verse dentro del contexto de su visión global y objetivos políticos.

El marxismo es, en su núcleo, y por usar el cliché, una ‘narrativa totalizante’. Se basa esencialmente en una visión determinista de la historia que tiene mucho en común con las teorías conspirativas y la teología. La visión histórica marxista incorpora eventos históricos dispares en una narrativa unificada a través de la noción de lucha de clases. Donde los religiosos ven el ‘plan’ y la guiadora mano de Dios como la realidad subyacente que en última instancia ‘da sentido a la historia’, el marxista ve el fenómeno continuo de ‘lucha de clases’ como el pegamento que une los eventos históricos y los cambios sociales en un todo inteligible y explicable. Como todas las narrativas totalizantes, la visión marxista es en esencia un sistema de pensamiento simplista y a menudo en blanco y negro que puede usarse para ‘explicar’ cualquier fenómenos social como relevante para perspectiva marxista de la historia y la política.

El pensamiento marxista es a menudo incapaz de entender el poder de lo irracional. En su concienzudo materialismo, apenas hay sitio para comprender la fe religiosa como un fenómeno psicológico que, aunque influido por las condiciones sociales en el que se encuentra, no depende principalmente de los temas que para los marxistas definen la historia y la cultura. Para muchos marxistas, por tanto, cualquier análisis de la fe religiosa se basa en un marco interpretativo estrechamente materialista y ‘racionalista’. Para Marx, es la ‘tarea de la historia’ que ‘la crítica del Cielo se vuelva crítica de la Tierra, la crítica de la religión en la crítica de la ley, y la crítica de la teología en la crítica de la política’. La religión, para Marx, puede definirse como ‘el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, y el alma de condiciones desalmadas’. [1]

Un problema inmediato con el análisis de Marx de la religión es que sobresimplifica enormemente el fenómeno de creencias religiosas. En esta perspectiva, la religión o es un fin en sí mismo sino que debe verse siempre como un ‘encubrimiento’ de alguna otra cosa, algo políticamente inteligible. El materialismo marxista ataca a la religión, por tanto, no a través de la crítica de textos y doctrinas religiosas, sino yendo más allá de ellas hasta lo que se percibe como su ‘causa’ subyacente: la opresión política y económica. Tal análisis no carece de mérito. Un ejemplo obvio de dónde tal visión de la religión ‘funciona’ puede verse en las Comunidades Eclesiásticas de Base de latinoamérica. La ‘teología de la liberación’ que emerge de estas comunidades es esencialmente una forma cristiana de socialismo. Los teólogos de la liberación ofrecen una teología ‘muy de este mundo’ que destaca la preocupación del Nuevo Testamento con los pobres y se inspira en material profético del Antiguo Testamento y la narrativa de la liberación de los israelíes del cautiverio. [2] La teología de la liberación emerge fundamentalmente en comunidades extremadamente pobres y probablemente encaje en la visión de Marx de la religión como ‘el suspiro de la criatura oprimida’. Sin embargo, existen enormes cantidades de personas que son profundamente religiosas y a pesar de ello a duras penas pueden describirse como ‘criaturas oprimidas’, al menos en términos económicos.

Un estudio de la Northwestern University de 2008 sobre las perspectivas globales de personas religiosas y explicación de por qué Dios y la religión son importantes para ellas encontró que el miedo y la angustia existencial son extremadamente importantes en lo que se refiere a entender el atractivo de la religión:

El estudio, dirigido por el profesor de psicología Dan P. McAdams y la investigadora Michelle Albaugh, iba dirigido a encontrar las fuentes religiosas de las inclinaciones políticas. Entrevistaron a 128 cristianos devotos en Chicago y alrededores, evitando las preguntas típicas de “¿Por qué crees que Dios existe?” o “¿Por qué crees?”. En lugar de eso, pidieron a los sujetos que describieran cómo serían sus vidas si no tuvieran fe. En otras palabras, ¿cómo sería su mundo si Christopher Hitchens tuviera razón y no existiera Dios?

El estudio analiza los resultados principalmente en término de divisiones políticas. Encontraron que los cristianos políticamente conservadores describían un mundo sin Dios como “uno con incesantes conflictos y caos, expresando gran aprensión acerca de la incapacidad de las personas para controlar sus impulsos y la correspondiente ruptura de las relaciones e instituciones sociales.”

Los cristianos liberales, por otro lado, tenían otro conjunto de preocupaciones. Para ellos, un mundo sin Dios sería “baldío o sin vida, carente de color y textura, un páramo vacío que no les sostendría” y en el que se sentirían perdidos.

Todos los sujetos imaginaban en general que la vida sin Dios “implicaría miedo, tristeza, aislamiento personal, y la pérdida de significado y esperanza”.

Los resultados políticos son interesantes, pero no tanto como la forma en que las preguntas y respuestas que daban alcanzaban cuestiones profundas y centrales. Parece que creemos en base a la necesidad, pero no, como Marx sugería, principalmente a causa de deprivación material. En lugar de eso, parece que la fe responde al miedo, y muchos tipos diferentes de miedo, que podemos empezar a delinear con detalle [3].

El miedo, especialmente un tipo de miedo primario de un mundo sin ancla, es algo central a la fe religiosa y es tan importante para comprender por qué la gente es religiosa como el modelo socioeconómico de Marx. Por supuesto, el marxista puede continuar ‘explicando’ que este miedo de alienación se asienta realmente en la naturaleza de las sociedades capitalistas: que el capitalismo es una ideología ‘desalmada’ que engendra atomización y alienación, y que en la utopía socialista (un ideal que en sí mismo tiene muchas similaridades con el ansiado ‘Reino de Dios’ en la escatología cristiana y judía), la ‘necesidad’ de este tipo de seguridad religiosa, al igual que el Estado, desaparecería. Sin embargo, la evidencia de que esto sea realmente el caso es tan escasa como la evidencia de la llegada del Reino de Dios a la tierra.

Dadas las convicciones marxistas en relación con la lucha de clases y la naturaleza de la religión como válvula de escape de protesta en el seno de la continuada opresión del dominio ‘burgués’, el reciente fenómeno de extrema izquierda buscando aliarse con los islamistas y montando una obsesiva campaña contra la ‘islamofobia’ no es tan extraña como pudiera parecer inicialmente. Muchos marxistas ven el resurgir del islam político no como parte de una marea creciente de irracionalismo sino más bien como una respuesta esencialmente política y racional a la naturaleza supuestamente opresiva e intrínsecamente ‘racista’ e ‘imperialista’ de la democracia liberal occidental. En la narrativa marxista contemporánea, el racismo se percibe como endémico en la civilización occidental y se interpreta como una herramienta de nuestros amos burgueses que la usan en primer lugar para dividir a la clase trabajadora (incapacitando así la ‘conciencia de clase’ unificada que sería necesaria para la revolución del proletariado) y que también fomentan formas selectivas de ‘racismo’ (actualmente en particular la ‘islamofobia’) para ganar así apoyo popular y justificación para sus proyectos imperialistas. Bob Pitt de la web ‘Islamophobia Watch’, por ejemplo cree que la ‘islamofobia’ es ‘una herramienta racista del imperialismo occidental’ y afirma que su web fue ‘fundada con la determinación de impedir que la ideología racista del imperialismo occidental gane influencia en su demonización del Islam.'[4]

Es raro ver a los autores marxistas que actualmente llevan a cabo denuncias McCarthystas de los críticos del Islam y las organizaciones islamistas entrar a discutir con la religión misma del Islam. Esto no es sorprendente, puesto que su preocupación no es tanto defender el Islam sino más bien (supuestamente) defender a los ‘musulmanes’ (a menudo vistos como un bloque monolítico), que son percibidos como las últimas víctimas de la conspiración capitalista burguesa occidental. En la extraña cosmovisión de estos activistas marxistas contra la ‘islamofobia’, casi cualquier crítica del Islam, política islamista, o de organizaciones musulmanas es visto como poco más que una forma escasamente velada de ‘racismo’. El hecho de que estos escritores aparentemente no puedan distinguir entre la crítica legítima de un sistema de creencias religioso y de sus textos y claras expresiones de odio racial dice mucho acerca de la naturaleza simplista de su cosmovisión y de su antiintelectualismo subyacente. Hay algo siniestro y totalitario en la campaña de la extrema izquierda contra los críticos del Islam. Es una campaña deshonesta que busca silenciar la disensión y el pensamiento crítico que no se atiene a la ‘línea de partido’ a través de la demonización y difamación. Los comentarios casuales de acusaciones de ‘racismo’ son como mínimo perturbadoras, dado el hecho de que, justamente, el racismo es visto como completamente inaceptable en la sociedad moderna. Al afirmar que la ‘islamofobia’ es una forma de ‘racismo’ y denunciando a los críticos del Islam y del islamismo como ‘islamófobos’, los oponentes marxistas de la ‘islamofobia’ intentan deliberadamente sofocar el debate retratando a los críticos del Islam y del islamismo como ‘racistas’ y por tanto intolerables. Falsas acusaciones de racismo pueden tener repercusiones muy graves, y equiparar falsamente la crítica de las religiones con racismo no es solo calumnioso para los críticos antirracistas del Islam y el islamismo sino que también corre el riesgo de trivializar el muy real fenómeno del prejuicio y odio racial.

Para los luchadores marxistas contra la ‘islamofobia’, la crítica racional de una ideología religiosa y de sus textos y manifestaciones políticas es una forma traicionera de alianza con la clase burguesa. El escritor marxista Louis Proyect considera Butterflies and Wheels (B&W) [N.d.T: El blog en el que fue publicado originalmente este artículo] como una ‘fuente de islamofobia’ que demuestra perfectamente la extraña irracionalidad en el núcleo de gran parte del pensamiento marxista actual. [5] Proyect ve B&W como una web que se presenta  como dedicada al racionalismo pero que, en realidad, tanto si de forma deliberada como si no, se dedica a promover la ‘islamofobia’ que es esencial a algún supuesto proyecto imperialista occidental. De igual manera, la determinación de B&W de apoyo a la ciencia también es visto por Proyect como una tapadera para la verdadera agenda, que no es otra que ofrecer apoyo intelectual y moral al capitalismo global. Para Proyect, la ‘ingenuidad’ ha llevado a algunas personas a pensar que B&W está entregada a la ‘claridad de pensamiento y el racionalismo científico’, pero, si como él, tienes ‘haces un análisis de clase de la sociedad burguesa’ [sic], podrás ver a través de la fachada:

No me sorprendería descubrir que B&W obtiene fondos de Huntington y otros torturadores de animales del estilo. Uno de estos días, las víctimas de las corporaciones y los gobiernos que actúan en su nombre se hartarán de los contaminantes que los matan, el podrido sistema de salud que no les trata, las hipotecas, las pérdidas de empleo, y las indignidades diarias del trabajo asalariado y se levantarán contra el sistema que las perpetúa. Una clase trabajadora en el poder tendrá entonces acceso a los informes que contienen toda esta información sobre quién ha sido el responsable. Que Dios proteja las almas de aquellos que se alimentaron de las manos de las grandes corporaciones y las agencias de inteligencia puesto que el pueblo levantado se habrá ganado el derecho a extraer justicia.

Aquí vemos el habitual descenso a las fantasías marxistas de gobierno futuro, que no sorprendentemente incorporan alegres pensamientos de retribución contra el enemigo burgues a manos del ‘pueblo levantado’. Los marxistas de la línea dura son, por supuesto, muy proclives a los sueños apocalípticos de revolución y violencia revolucionaria, lo que en buena parte explica la fascinación que muchos tienen con el islamismo. Los apoyos marxistas del islamismo y los oponentes de la supuesta ‘islamofobia’ parecen extraer cierto tipo de estímulo revolucionario vicario por alinearse con movimientos religiosos reaccionarios. En la cosmovisión simplista de la extrema izquierda, los islamistas constituyen una suerte de vanguardia revolucionaria que se enfrenta a la temida conspiración imperialista racista burguesa occidental. Marxistas como Roland Boer [6] y John Molyneux, [7], escribiendo en la revista afiliada al Partido de los Trabajadores Socialistas [N.d.T: Socialist Workers Party, también se puede traducir como Partido Socialista de los Trabajadores] International Socialism, hablan de la ‘oposición islamista al imperialismo occidental’, y según Molyneux, incluso los más reaccionarios y violentos islamistas deberían recibir apoyo incontestado. Al igual que Proyect piensa que el apoyo a la investigación científica implica apoyo a la ‘sociedad burguesa’, Molyneux piensa que el apoyo a los terroristas islamistas constituye una protesta legítima contra el imperialismo occidental burgués:

Al determinar su actitud hacia los movimientos populares de tipo religioso, que son muchos y variados, los marxistas toman como punto de partida no las creencias religiosas de los líderes del movimiento o de sus seguidores, o la doctrina o la teología de la religión en cuestión, sino el rol político del movimiento, basado en las fuerzas sociales e intereses que representa.

[…]

Por poner la cuestión tan crudamente como es posible: desde el punto de vista del marxismo y del socialismo internacional, un campesino musulmán palestino analfabeto, conservador y supersticioso que apoya a Hamás es más progresista que un israelí ateo con estudios superiores que apoye el sionismo (aun críticamente).

Para Chris Harman, quien también escribe en International Socialism, ‘aquellos que afirman ser la conciencia “antifundamentalista” de la izquierda son en realidad apologistas de izquierda para la excusa racista actualmente más importante del imperialismo’. [8] Y de igual modo que Pitt ve la ‘islamofobia’ como una ‘herramienta racista del imperialismo occidental’, también Molyneux cree que la ‘islamofobia ha sido desarrollada, nacional e internacionalmente, como la principal tapadera ideológica y justificación para el imperialismo y la guerra’. [9] Para estos autores, en lo que se refiere al Islam y al islamismo, sólo hay una opción de blanco o negro: si criticas el Islam y el islamismo estás apoyando (intencionalmente o no) el ‘racismo’ y el ‘imperialismo’. Si quieres oponerte al racismo y al imperialismo, entonces, debes adoptar una visión esencialmente acrítica del Islam y las políticas islamistas, incluso hasta el punto de idolatrar musulmanes ‘analfabetos, conservadores y supersticiosos’, simplemente porque son musulmanes, y por tanto son por definición camaradas en la lucha contra los males de occidente, aunque articules dicha oposición con llamadas a restaurar el Califato y la introducción de la Sharia (todo lo cual se percibe como inconsecuente, dado que es sólo su ‘forma’ de expresar lo que son basicamente las mismas preocupaciones sostenidas por los marxistas).

Esta aproximación acrítica al Islam y el islamismo no se basa en ninguna reverencia profunda hacia el Islam. Los marxistas que rutinariamente denuncian cualquier crítica del Islam como ‘islamófoba’ están siendo probablemente deshonestos intelectualmente por (supuestas) ganancias políticas. No creen seriamente que el Islam debiera estar más allá de toda crítica, y no están verdaderamente indignados por aquellos que señalan el material divisivo e intolerante en el Corán. El problema que tienen con los críticos liberales del Islam es que se nos percibe como proveedores de munición al ‘imperialismo occidental’ en su campaña ‘racista’, y somos percibidos como entorpecedores de la unidad de los trabajadores que será necesaria para destruir la sociedad burguesa. Molyneux, por ejemplo, cree que la crítica del Islam no solo es contraproducente, sino en último termino innecesaria, porque:

las grandes masas de trabajadores serán liberados de sus ilusiones religiosas no por argumentos, panfletos o libros, sino por su participación en la lucha revolucionaria, y más allá, en la construcción del socialismo. En esa situación es el deber del partido asegurarse que las diferencias religiosas, o las diferencias entre los religiosos y los no religiosos, no obstruyan la unidad de la lucha de la clase trabajadora. [10].

Lo que vemos aquí es el razonamiento de base que subyace a los ataques de la extrema izquierda contra los críticos del Islam y el islamismo como ‘islamófobo’ y ‘racista’. Para la extrema izquierda, los musulmanes pueden verse efectivamente como ‘idiotas útiles’ en la lucha contra  las sociedades capitalistas liberales occidentales. Parece haber una actitud entre los ‘amigos’ marxistas del Islam y los ‘defensores’ de los musulmanes de que uno no debe agitar las aguas, porque se supone que los musulmanes son una vanguardia potencial en la lucha contra el ‘imperialismo’. Esto no es sorprendente, dado que la extrema izquierda está constantemente buscando nuevas campañas y movimientos para usar como caballo de Troya para su agenda ‘revolucionaria’. El movimiento anti-guerra constituye otro ejemplo de este estilo de infiltración de hacer política. Para muchos en la extrema izquierda, las protestas contra la guerra de Irak representaron el comienzo de un despertar a la realidad de la conspiración imperialista y se esperaba y se espera que estas protestas pudieran capitalizarse en favor de ganar apoyo para las ideas revolucionarias. Un artículo de ‘Roobin’, colgado en el blog de ‘Lenin’s Tomb’ (que lo dirige Richard Seymour del Partido de los Trabajadores Socialistas) deja esto claro.

La tarea para cualquier organización revolucionaria (cualquiera) es la de apuntalar su posición y su organización antes del advenimiento de una revolución. Esto significa usar cualquier medio disponible para renovar el contacto con su base.

En la práctica esto significa tomar ventaja de todas y cada una de las fracturas en el consenso mayoritario. En Reino Unido sólo podemos referirnos al movimiento anti-guerra como la última gran ruptura nacional significativa.

[…]

Aunque de ninguna manera sea permanente, los beneficios duraderos del movimiento anti-guerra han sido una conciencia generalizada antimperialista, una suspicacia de gobiernos secretistas y no democráticos, y un control de la reacción racista contra los musulmanes. Estas ganancias deben ser defendidas.

Cuando la lucha abierta entre las clases con serias perspectivas de revolución social estalle, guerra de maniobras, cuanto más organizada esté una clase más probable será que mantenga las posiciones ganadas.

[…]

Los movimientos de masas actuales deben organizarse, y su experiencia generalizada de forma que sus logros no se pierdan de forma que cuando la gran ruptura aparezca no tengamos que empezar de cero de nuevo. [11]

La política de extrema izquierda no se baa en una valoración realista y racional del estado del mundo. Como he argumentado previamente, los izquierdistas ‘revolucionarios’ son ‘soñadores del día’: fantasiosos cuya cosmovisión se basa en un marco conspiratorio y determinista; pensadores en blanco y negro cuyo rígido idealismo es comparable al de la fe religiosa. [12] Una vez esto se entienda, la actual campaña de la ‘extrema izquierda’ de demonizar a los críticos liberales y racionalistas del Islam y las políticas islamistas se sitúa en un contexto apropiado. Cuando los liberales humanistas y progresistas se ven rutinariamente denunciados por sostener ideas supuestamente ‘islamófobas’ (y por tanto ‘racistas’), está claro que los autoproclamados cazadores de brujas que lanzan tales acusaciones tienen una agenda oculta – una fantasía política basada en la creencia de la existencia de una conspiración ‘imperialista y racista’ imaginaria y una convicción de que son una élite moral pura que algún día liderarán a un ‘pueblo levantado’ a una gloria revolucionaria.

Notas y referencias:

[1] Karl Marx (1843) ‘A Contribution to the Critique of Hegel’s Philosophy of Right’.

[2] Para una excelente revisión, ver Christopher Rowland (Ed., 1999) The Cambridge Companion to Liberation Theology (Cambridge: Cambridge University Press).

[3] Gregory Rodriguez (2008) ‘Asking the right God question’, Los Angeles Times.

[4] Islamophobiawatch.

[5] Louis Proyect (2008) ‘Butterflies and Wheels’.

[6] Roland Boer (2009) ‘The full story: on Marxism and religion’, International Socialism 123.

[7] John Molyneux (2008) ‘More than opium: Marxism and religion’, International Socialism 119.

[8] Chris Harman (2006) ‘Analysis: the faultlines grow deeper’, International Socialism 110.

[9] ‘More than Opium’.

[10] ‘More than Opium’.

[11] Roobin (2008) ‘The just-about-Gramscian theory of successful rioting’, Lenin’s Tomb.

[12] Edmund Standing (2008) ‘Jihadism and the “Dreamers of the Day”’, Butterflies & Wheels.

Edmund Standing tiene un BA en Teología & Estudios Religiosos y un MA en Teoría Critica & Cultural Theory. Sus otros artículos en esta página web pueden encontrarse en el archivo de artículos.


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Una canta, la otra no

Agnès Varda dirigió en 1976 una película suavemente feminista: ‘Una canta, la otra no’, que planteaba la vida de dos amigas con distinto grado de ‘concienciación’, palabra muy trajinada en la época, respecto al tema.

La película no fue un hito en la historia del cine europeo, pero su título me vino a la cabeza ayer al leer en la prensa amiga el artículo de Manoliño Rivas, ‘Los herejes’. He aquí sus dos primeros párrafos:

«Un juez ha ordenado la expulsión de los estrados de la Audiencia Nacional de una abogada que se cubría el pelo con un pañuelo, a la manera musulmana.

No sabemos si habría tomado la misma decisión en el caso de que la letrada fuese una monja con su toca y hábito. Seguramente sí. Tal vez sí. Tal vez no.»

Léanlo otra vez, porque es una obra maestra del pensamiento socialdemócrata, en su labilidad y delicuescencia. Parecía una analogía razonable: dos mujeres que profesan religiones distintas se cubren la cabeza con alguna clase de tejido. Fue en este estadio de primera impresión cuando traté de pensar qué me incomodaba en la analogía del ideólogo de ‘Nunca mais o poucas veces, iso depende’. Y me vino a la cabeza el título de Varda: ‘Una canta, la otra no’.

Hace ya bastantes años que uno es descreído hasta en su ateísmo, pero hay una diferencia entre las religiones que representan las mujeres de las fotos. El hecho de no creer en ninguna de las dos no me permite la equidistancia: Una de ellas es compatible con la sociedad de libertades en la que me gusta vivir, la otra no. Una de ellas es compatible con la igualdad de las mujeres, la otra no. En una de ellas, los obispos pueden excomulgar, apartar de la Iglesia a aquellos de sus fieles que no siguen sus reglas, pero no pueden encarcelarlos como en la otra. Sólo en las sociedades islamistas se cuelga a los homosexuales de las grúas y se lapida a las mujeres adúlteras. ¿Qué sería de nuestras analogías y metáforas si tuviésemos en cuenta los hechos sórdidos que nos las deslucen?

La diferencia entre las mujeres de las fotos respecto a sus respectivos hábitos es la voluntad. Las monjas se ponen las tocas porque quieren, las musulmanas porque las obligan. Nada tiene que ver el hecho de que algunas de ellas lleven el ‘hijab’ de buen grado. Cuando empezaron a ponérselo, nadie les preguntó si querían o no.

Nadie obliga a una monja a ponerse el hábito. Nadie la reprime por no hacerlo. Hace exactamente un mes que una mujer marroquí embarazada sufrió una brutal paliza a manos de un matrimonio de compatriotas suyos a la puerta del colegio al que había ido a esperar a su hijo, mientras le gritaban: «Tú te mereces estar en un puticlub».

No eran familiares -y qué si lo fueran -sino dos buenos musulmanes cabreados al ver a una de las suyas sin el velo islámico. Saadia, que así se llama la mujer, embarazada, abortó unos días más tarde como consecuencia de la paliza. Su marido prefiere dejarlo correr, no quiere líos. Estos pequeños detalles no le han cabido a Manolo en su columna. No ha escrito sobre el asunto. Su escándalo ante la religión que nos queda más cerca, con sus Roucos y sus excomuniones no permite a nuestros progres abrir la boca sobre el islamismo. Las caricaturas danesas. Acojonan, ¿eh?, que decía el buen marqués de Leguineche en ‘Patrimonio Nacional’. Yo tengo oído en una tertulia a Margarita Sáenz Díez una relativa defensa del islamismo: «¿Y las cruzadas?», preguntó con su rintintín y hasta su cabo Rusty. Esa era la clave del asunto. Hay que remontarse al siglo X para encontrar una Iglesia Católica comparable al Islam de hoy.

Manoliño puede cantar las cuarenta una vez al mes a la jerarquía de la Iglesia Católica. Rouco o Martínez Camino, pongamos por caso. ¿Se atrevería a publicar un artículo equiparable sobre un Ayatollah? Ni siquiera digo en Irán, aquí mismo. Venga, artista, no te arrugues, que tú puedes.

Publicado por Santiago González  en su blog

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¿Puede ceder la fe ante el discurso racional?

Sólo en los últimos años, nuevos libros escritos con el explícito objetivo de cuestionar las creencias religiosas de la gente han vendido millones de ejemplares en todo el mundo. Especialmente The god delusion (El espejismo de Dios), de Richard Dawkins, ha sido traducido a numerosos idiomas, incluyendo el árabe, despertando una gran controversia sobre la naturaleza y la plausibilidad de la fe.

El objetivo de minar la fe mediante el discurso racional, sin embargo, parecía chocar con supuestos básicos de la sociología y la psicología religiosa; pues se presuponía corrientemente que las creencias religiosas eran demasiado significativas, valoradas y permanentes en la vida de las personas como para resultar erosionadas por argumentos racionales ocasionales.

Shariff, Cohen y Norenzayan (1) realizaron en 2008 un trabajo muy interesante con estudiantes de la Universidad del Estado de Arizona que cuestiona estas suposiciones. A los sujetos consultados, con variable afiliación religiosa, se les expuso a un texto del etólogo Richard Dawkins criticando el argumento del diseño con argumentos evolucionistas y después se intentó medir el impacto obtenido sobre las creencias religiosas explícitas («Me considero una persona religiosa») e implícitas («Existen los ángeles»).

Los resultados mostraron una eficacia sorprendente de los argumentos racionales a la hora de disminuir las creencias religiosas. Aunque, por supuesto, estos resultados podrían no ser muy duraderos, teniendo en cuenta que la mayoría de las personas se encuentran habitualmente muy expuestas a los argumentos pro-religión dentro de sus comunidades.

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(1) Shariff, Azim F.A.; Cohen, Adam B.; ANorenzayan, Ara. 2008. The Devil’s Advocate: Secular Arguments Diminish both Implicit and Explicit Religious Belief. Journal of cognition and culture, Volume 8, Numbers 3-4, 2008 , pp. 417-423(7)

PUBLICADO POR EDUARDO ROBREDO ZUGASTI EN REVOLUCIONNATURALISTA

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El día de la blasfemia

El día Internacional de Blasfemia es una campaña que persigue establecer el 30 de septiembre como día para promover la libertad de expresión y para levantarse en un espectáculo de solidaridad a favor de la libertad para desafiar, criticar y satirizar la religión sin miedo a ser asesinado, juzgado o represaliado. El evento fué creado como una reacción contra aquellos que persiguen la retirada del derecho a satirizar y criticar un conjunto particular de creencias a las que se les ha concedido un status privilegiado sobre otras creencias.

El día de la blasfemia

Center for Inquiry

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La autonomía como valor universal

La autonomía individual, definida provisionalmente como la capacidad de resistir ante las autoridades locales y las convenciones de la cultura, es un axioma de la Ilustración y casi un valor sagrado de la cultura individualista. Sin autonomía, el ser humano viviría una perpetua «minoría de edad» bajo las autoridades despóticas de la tradición, la costumbre o la familia. Pero según los críticos, desde Durkheim a Marx o Dumont, la autonomía no es tanto un valor universal cuanto que una disposición fuertemente cultural y quizás eurocéntrica. Hoy la discusión continúa, pero es preciso tener en cuenta nuevas evidencias científicas.

El psicólogo Charles Helwig (1) y su equipo han trabajado con niños en China y Canadá y considera que existen disposiciones universales, como la necesidad de autocontrol personal y el disgusto por el daño a los demás, que moldean el desarrollo moral muy por encima de los valores culturales locales. Incluso si los niños viven en sociedades autoritarias -como la China comunista-, las disputas en torno a las decisiones personales (como qué ropa llevar o con qué amigos tratar) son totalmente corrientes así como las preferencias por el gobierno democrático (2). Según otro trabajo de Mi Chen, de la Universidad de California, «los adolescentes chinos muestran deseos de libertad, independencia e individualidad muy similares a los adolescentes de diversas procedencias étnicas de los Estados Unidos».

7 de cada 10 participantes en el trabajo de Helwig consideran que el razonamiento es una «muy buena» técnica disciplinaria. Otro dato interesante es que los niños occidentales y orientales aceptan la disciplina basada en provocar sentimientos de verguenza, pero la critican crecientemente durante la adolescencia y a medida que maduran. En el desarrollo moral, la autonomía cuenta.

En apariencia, estas conclusiones no relativistas contrastan con las ideas de otros científicos sociales, como Markus y Kitayama (3), que -en la tradición de Louis Dumont y su crítica de la «ideología económica»- critican lo que consideran prejuicios individualistas occidentales que impiden un correcto entendimiento de las sociedades orientales. Según Kitayama «La autonomía es un objetivo principal del desarrollo en algunas sociedades pero no en otras» y «no debería ser entendida como un valor inherentemente superior».

Por supuesto, las condiciones de opresión no dejan de existir pese a que la justicia y la búsqueda de autonomía se consideren prefrencias prácticamente universales. Allí donde las situaciones culturales o políticas generan conflictos de interés entre grupos, donde existe un acceso desequilibrado a los recursos (entre padres e hijos, maridos y esposas, etc) la oposición puede presentarse bruscamente o bien bajo una forma más subliminal e indirecta. De acuerdo con un estudio de Elliot Turiel (4) con matrimonios de una comunidad árabe en Israel, la mayoría de las mujeres que consideraban injusta su situación de desigualdad la toleraban únicamente para evitar el emprobrecimiento derivado del abandono o el divorcio.

El mismo Turiel ha hecho una importante aportación a los estudios morales al destacar que las normas morales poseen un estatuto psicológico especial que las distingue de otro tipo de normas y convenciones relacionadas con las autoridades locales (como la familia, los jefes o los sacerdotes). Actuar moralmente no significa seguir las normas familiares: «Los individuos a menudo toman iniciativas para ir en contra, o para intentar cambiar, condiciones sociales existentes sobre la base de lo que es moralmente correcto o incorrecto».

En contra de los supuestos holistas, estos estudios empíricos sugieren que los individuos de todas las culturas poseen opiniones críticas y que los niños de todas partes valoran la autonomía y disputan con las autoridades locales cuando estiman que estas toman decisiones injustas, incluso con independencia del régimen político en que viven.

– Por Eduardo Robredo Zugasti (eduardo.robredo@terceracultura.net)

Referencias

(1) Charles C. Helwig. 2009. The development of reasoning about different types of parental discipline practices in Mainland China and Canada: Developmental and cultural processes. Jean Piaget Society meeting. June 6. Park City, UT

(2) Charles C. Helwig, Mary Louise Arnold, Dingliang Tan y Dwight Boyd. 2007. Mainland Chinese and Canadian adolescents’ judgments and reasoning about the fairness of democratic and other forms of government. Cognitive Development, v22 n1 p96-109

(3) Hazel Rose Markus y Shinobu Kitayama. 1994. A Collective Fear of the Collective: Implications for Selves and Theories of Selves. Personality and Social Psychology Bulletin, Vol. 20, No. 5, 568-579

(4) Elliot Turiel y Serena Perkins. 2004. Flexibilities of mind: Conflict and culture. Human Development 47(May-June):158-178.

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