A ciegas con el burka

BurkaInteresantísimo video de France 24 donde cabe destacar el atropello cotidiano que sufren (en el sentido literal de la palabra) las mujeres. Entramos en un bazar donde vemos toda la gama de burkas y sus precios. Testimonio de una joven a favor de la burka : “sin él no podríamos salir de casa solas”. Además, un intelectual paquistaní advierte a Sarkozy de que se está metiendo en un berenjenal al tratar de prohibirlo en Francia.
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Campamento de verano para niños promovido por Richard Dawkins

En Reino Unido, Richard Dawkins ha creado un campamento «ateo» para niños. Aprenderán a refutar teorías opuestas a Darwin.

Campamento de verano para niños promovido por Richard DawkinsRichard Dawkins, autor del libro » La Ilusión de Dios», ha montado un campamento donde se enseñará a los niños una actitud de escepticismo racional además de actividades deportivas.

Según el diario The Daily Telegraph , Dawkins, biólogo especializado en la teoría de la evolución, ha subvencionado ese campamento de cinco días en el que, junto a la natación y el piragüismo, los niños recibirán lecciones sobre filosofía moral y biología y aprenderán a refutar las teorías opuestas a las enseñanzas de Charles Darwin.
El campamento, en el que sonará la canción «Imagine», de John Lennon, que contiene estos versos: » Imagínate que no hay cielo, es fácil si lo intentas «, está destinado a menores de ocho a diecisiete años y trata de competir con los organizados por grupos religiosos.
La iniciativa forma parte de una campaña de Dawkins y del también conocido profesor de filosofía AC Grayling destinada a desafiar a las llamadas sociedades cristiana s, que fomentan la educación religiosa, ayudando a los niños a «pensar de modo independiente, a ser escépticos y racionales».
Las veinticuatro plazas disponibles en el campamento, que se instalará en Bruton (Somerset), durará del 27 al 31 de julio, están ya contratadas. En él se pondrá énfasis en el pensamiento crítico y una de las pruebas a las que someterá a los participantes es la bautizada como el desafío del unicornio invisible.
A los niños se les comunicará que cerca de sus tiendas de campaña viven dos unicornios y se les pedirá que demuestren que no existen tales animales mitológicos. «Los unicornios no son necesariamente una metáfora de Dios, p ero están ahí para que los niños comprendan la imposibilidad de una demostración de ese tipo » , afirma Samatha Stein, que dirigirá el campamento.
» No intentamos atacar la religión , pero ésta anima a las personas a creer en muchas cosas que no están demostradas», explica Stein.

Links relacionados:

http://www.telegraph.co.uk/news/newstopics/religion/5674934/Richard-Dawkins-launches-childrens-summer-camp-for-atheists.html
http://www.guardian.co.uk/world/2009/jun/28/atheism-camp-uk-richard-dawkins
http://www.timesonline.co.uk/tol/comment/faith/article6591236.ece

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Hijab: Obama escuece en Francia

redeker2El presidente americano Barack Obama ha defendido hoy en El Cairo que las musulmanas en Occidente lleven el velo, tomando una postura distinta a la que se sigue en Francia.

Por tres veces Obama ha defendido el velo islámico en su discurso dado en la Universidad de El Cairo, criticando el hecho de que un país occidental “dicte la vestimenta” que una musulmana “debe llevar”.

En nombre de la laicidad, en el año 2004 Francia prohibió la ostentación de signos religiosos en las escuelas mediante una ley especialmente pensada para el velo islámico, donde un decreto del Consejo de Estado lo considera “discriminatorio”. La polémica surgió también en países como Canadá, Alemania o Bélgica, donde un 90% de las escuelas lo prohibieron.

“Es importante que los países occidentales eviten molestar a los ciudadanos musulmanes dictándoles como deben vestir las mujeres y practicar su religión como ellos deseen”, ha pronunciado.

Sin citar a Francia ni a ningún otro país en concreto, Obama ha añadido que “no se debe disfrazar la animadversión al Islam con un falso liberalismo”.

“Sé que hay un debate abierto entorno a este asunto”, ha dicho Obama antes de entrar en este tema siempre controvertido en Occidente, ante un público incondicional y entregado en el que se encontraban numerosas mujeres vestidas con el velo.

“Rechazo el punto de vista de ciertas personas en Occidente”, ha afirmado, “que piensan que por el hecho de que una mujer escoja cubrirse los cabellos incurre en una ilegalidad”.

Además ha subrayado que “el gobierno norteamericano protegerá el derecho de las mujeres a llevar el velo y sancionará a aquellos que lo impidan”.

Por primera vez, una norteamericana de religión musulmana y cubierta con el velo, de nombre Dalia Mogahed, de origen egipcio, ha entrado en la Casa Blanca como consejera del Presidente.

Aún así la cuestión del velo y en particular su uso en la escuela sigue siendo una cuestión espinosa entre los gobiernos y las sociedades de los países musulmanes.

– Por Robert Redeker. Publicado en Le Figaro

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Leyes sobre blasfemia en el siglo XXI

La blasfemia es un concepto extraño. De acuerdo con mi diccionario se refiere al «acto o la ofensa de hablar de forma sacrílega sobre Dios o las cosas sagradas.» Según esta definición, todos los creyentes religiosos incurren constantemente en blasfemia hacia todos los dioses en los que no creen. Podría pensarse que esta simple osbervación pone término a cualquier cháchara estúpida a cerca de legislar la blasfemia, pero estaríamos en un error espectacular. Una reciente lista de leyes sobre la blasfemia deja claro que no se encuentra sólo en los lugares obvios, Irán, Pakistán, Arabia Saudi y otras naciones igualmente poco ilustradas, sion también en la mayor parte de los países europeos, Canadá, y varios estados de EE.UU.

Para añadir ironía a la tragedia, por supuesto, Arabia Saudi -ese faro de tolerancia- ha montado recientemente una campaña en las Naciones Unidas para aprobar una resolución anti-blasfemia, patrocinada (¡sorpresa, sorpresa!) por los 56 países miembros de la Organización para la Conferencia Islámica. Porque nada habla más claramente a favor de la tolerancia religiosa que el mundo islámicao. En Arabia Saudí, por situarnos en el más obvio motor tras este esfuerzo, no se podria celebrar una conferencia interreligiosa sobre blasfemia religiosa, dado que no se permitiría que los judíos, los cristianos, e incluso los representantes no saudíes del Islam permanecieran en el país si profesaran abiertamente sus credos respectivos.

Los proponentes de las leyes anti-blasfemia dentro de los cuerpos internacionales como las Naciones Unidas o la Comunidad Europea parecen ignorar las obvias contradicciones legales (por no mencionar las morales) que tales leyes provocan inmediatamente. En la medida en que concierne a las Naciones Unidas, por ejemplo, las leyes sobre la blasfemia se encuentran en abierta oposición a la Declaración de Derechos Humanos, que constituye una parte esencial de la de la raison d’être de la ONU. En Europa, tan recientemente como en Mayo de 2009, la Comisión de Venecia, que es el cuerpo consultivo de la UE para temas constitucionales, estableció claramente que la blasfemia se sitúa bajo la libertad de expresión, protegida por la carta de la UE.

Afortunadamente, la mayoría de los países occidentales simplemente no hacen uso de sus leyes sobre blasfemia, si bien han fracasado los intentos recientes en Dinamarca, Finlandia u Holanda para eliminarlas. Inglaterra es una excepción brillante y positiva: en marzo del pasado año la Casa de los Lores abolió finalmente los estatutos anti-blasfemia con un resultado de 148 contra 87 votos. Es instructivo, sin embargo, leer el intento del conservador Detta O’Cathain para defender lo infendible:

«La cuestión esencial es: ¿Deberemos sustituir las creencias cristianas y reemplazarlas por creencias laicas? Durante todo el tiempo en que ha existido un país llamado Inglaterra, siempre ha sido una nación cristiana, reconociendo públicamente al Dios único y verdadero.» Claro, el único y verdadero Dios. A excepción, por supuesto, de todas aquellas personas religiosas que son ciudadanos legales británicos y resulta que creen en otros dioses. Y por supuesto esta no es justamente la cuestión esencial: O’Cathain está cayendo en el mismo error (posiblemente deliberado) que es común entre los cristianos fundamentalistas de los Estados Unidos, la confusión entre la libertad de expresión (incluyendo por supuesto a los no-teístas) y la persecución de la propia fe. ¿No podría ser que esta paranoia persecutoria proviniera del actual legado de intolerancia y violencia que ha caracterizado a las igleisas cristianas a lo largo de su historia?

Pero el paso positivo de Inglaterra parece que va a ser contrarrestado por un movimiento inusual en una cercana parte de Europa: ¡Irlanda está considerando colocar una nueva ley sobre la blasfemia! El estatuto propuesto afirma en un lugar que «Una persona que publica o profiere material blasfemo será culpable de ofensa y será condenado a pagar una suma no mayor de 100,000€» y define la blasfemia como un discurso que es «groseramente injurioso o insultante en relación a las materias consideradas sagradas por cualquier religión, causando en consecuencia el escándalo en un número substancial de los practicantes de esa religión.» No estoy seguro de cuál es la diferencia entre entre «groseramente injurioso» y simplemente injurioso, o donde está el umbral  que define a un número «substancial» de ofendidos, pero el concepto de «insulto» es tan tenue que me pregunto seriamente cómo una ley semejante puede permitir la preservación de la libertad de expresión como tal en Irlanda. Supongamos que fundo una religión que sólo posee un mandamiento: no hay más dioses que la Gran Burbuja Verde del cielo.» (Se apreciará que no esto no es tan disparatado, considerando que una cláusula similar representa el primer mandamiento de las tres religiones abrahámicas). Incluso desde el inicio, con sólo un miembro, mi nueva religión poseería simultáneamente tanto el derecho a ser protegida contra la blasfemia como el hecho de ser blasfema para todas las demás religiones. ¡Esto sí que es una contradicción lógica! El ejemplo podría parecer escandaloso, pero se trata de una versión simple y muy obvia de lo que ya está sucediendo: tal y como mis amigos ateos cuentan a menudo a sus contrapartes religiosos, sólamente descreo de un dios más que tú, por lo que todo el mundo es blasfemo por definición.

Pero por supuesto el argumento real contra las leyes sobre la blasfemia no es una cuestión de contradicciones lógicas o de consistencia legal, es un problema de simple decencia. Esto fué establecido con la mayor claridad por la Corte Suprema de los EE.UU. en el caso de Burstyn contra Wilson (1952): «No es asunto del gobierno en nuestra nación suprimir ataques reales o imaginarios contra una doctrina religiosa particular, ya aparezcan en publicaciones, discursos o películas.» Esto es así porque una sociedad abierta sólo puede prosperar siendo eso: abierta. Comprendo que esto no sienta bien en las naciones teocráticas como Arabia Saudí, pero realmente hay que ser un descerebrado para no verlo en las democracias occidentales. Y este principio debe aplicarse también al discurso no-religioso: Canadá y varios países europeos, por ejemplo, poseen leyes contra la incitación al odio que convierte en ilegal (por ejemplo en Alemania) la negación de hechos históricos como el Holocausto. Negar el holocausto es estúpido, fanático e ignorante. Pero esto debería combatirse con la educación y el pensamiento crítico.

Lo que necesita ser protegido no son los discursos que incitan al odio, por supuesto, sino las acciones de odio: quemar iglesias, asesinar a médicos abortistas o atacar las embajadas de los paises cuyos ciudadanos publican viñetas satíricas debe ser condenado fuertemente y perseguirse mediante la ley. Sólo hay una excepción razonable a la protección ilimitada del discurso: cuando alguien incita directamente a los crímenes de odio. Pero en este punto las religiones tienen un historial realmente malo. ¿No deberíamos limpiar el odio y la violencia reales en nuestras propias casas antes de lanzarnos contra los imaginarios que nuestra paranoia atribuye a otras personas?

Por Massimo Pigliucci. Publicado en Rationally Speaking

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El Islam hecho hormigón

El Islam hecho hormigón: a propósito del conflicto alrededor de la construcción de una gran mezquita en Colonia, por Necla Kelek ( Publicista, científica social y feminista. Nacida en Turquía y criada en Alemania.)

mezquitaLos musulmanes en Alemania quieren tener una mayor presencia y reconocimiento oficial, pero sus mezquitas no son el mejor instrumento, puesto que no hacen más que incidir en su alejamiento respecto de la sociedad que los acoge.

Las mezquitas no son iglesias

Si uno desea ver la mezquita más grande de Ankara, llamada Kocatepe Camii, inicialmente uno se encuentra enfrente de un centro comercial. Una vez recorrido el departamento de pantalones y camisas una escalera permite acceder al lugar.

Esta enorme mezquita, que con el tiempo ha sido incorporada al escudo de armas de la ciudad, descansa toda ella sobre un enorme bazar. Ésta es una tradición con arraigo en el Islam, puesto que el propio Profeta fue en su tiempo un comerciante, y muchas prácticas de este culto están basadas en una especie de mercadeo con Dios. Es más, en otro distrito de la capital una mezquita de reciente construcción pero diseñada al viejo estilo, alberga en su planta baja una tienda de sofás.

Mezquitas, «masjids», son literalmente lugares donde uno va a tumbarse. Según la tradición islámica éstos no son lugares sagrados, si no espacios de encuentro donde los hombres acuden a rezar pero también a hacer negocios. La mezquita es un centro social.

En el Corán solo se menciona a las mezquitas en un único verso «…casas a las que Dios ha dado su consentimiento para que sean construidas y Su nombre sea mencionado en ellas…» ( Sura 24, Verso 36).

El lugar donde Mahoma se encontraba con sus seguidores; tal cómo el estudioso del Islam Meter Heine escribió en su diccionario «Islam-Lexikon», las mezquitas tenían funciones administrativas: «Las reuniones de los consejos tribales tenían lugar en ellas».

Han surgido dos tipos de lugares para la oración. El primero es el destinado a los practicantes diarios, y el segundo el propio de los sermones del viernes. Los sermones del viernes siempre han tenido un carácter político; es en este tipo de mezquitas donde los Califas difundían su doctrina. El tamaño y los interiores de la mezquita de Colonia sugieren claramente que se trata de una mezquita pensada para los sermones del viernes.

En principio, no hay nada en contra de la construcción de este edificio en Alemania. Según las leyes alemanas, todo el mundo tiene derecho a practicar una religión y a reunirse con otros fieles. Pero las asociaciones islámicas no están reconocidas como comunidades religiosas. La mayoría no han intentado ni siquiera obtener este reconocimiento, aún cuando lo podrían haber solicitado en cualquier estado federado – como sí han hecho con éxito los Alevitas, una corriente islámica no reconocida por el resto de asociaciones islámicas como musulmana. Es el caso de La Milli Görus y el DITIB (una rama alemana de Diyanet Isleri Baskanligi (Presidencia de Asuntos Religiosos), que al darse cuenta de que no cumplían los requisitos para obtener dicho reconocimiento deciden construir primero sus mezquitas, parapetarse detrás de otras asociaciones culturales para evitar responder cuestiones críticas como cual es su número de miembros, finanzas y lazos con gobiernos extranjeros y esperar el momento oportuno para lograr su reconocimiento.

Leyendo las lecturas musulmanas, vemos que las mezquitas no son lugares sagrados como las iglesias o las sinagogas, si no «espacios multi-funcionales». Se prefiere guardar esta evidencia en secreto. Como el hecho de que el Islam no es una iglesia. El Islam no se define a sí mismo como una congregación religiosa, si no como una filosofía de la vida que congrega en una misma unidad política y religión. No existe una doctrina teológica obligatoria. En este sentido, las asociaciones islámicas funcionan como partidos políticos, como lobbies políticos. Esto significa que la construcción de mezquitas no es una cuestión de libertad religiosa, si no de libertad política. Las leyes sobre construcción y asociacionismo están constreñidas a estos asuntos. Por esta razón, un criterio para la constitución de una asociación política islámica debería ser la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Está garantizada la no discriminación de las mujeres? Y una segunda cuestión sería: ¿Sirven estos templos para ayudar en la integración? Hay espacio para la duda. De la manera que el Islam se practica en muchas mezquitas alemanas, ha demostrado ser una barrera contra la integración (COUNTER SOCIETY). Las mezquitas de mayor tamaño en Alemania se han ido convirtiendo en Medinas. En esos lugares los musulmanes practican sin supervisión exterior lo que ellos llaman la ley de Dios. No sólo se cultiva la espiritualidad y la salvación de los creyentes, si no que se disemina el patrón de una nueva sociedad de acuerdo con la sharia. En esos lugares los niños aprenden a distanciarse de la sociedad alemana – aprenden a dividir la sociedad entre creyentes y no creyentes. Aprenden que las mujeres deben servir a los hombres y que los alemanes son impuros, porque comen cerdo y no están circuncidados. Todo esto pasa sin ninguna supervisión exterior. Estas mezquitas se convierten en centros donde todas las necesidades pueden ser satisfechas, como si vivieran en un pequeño pueblo. Normalmente una escuela coránica, tiendas de comida kosher, agencias de viaje, peluquerías, restaurantes o salones de té se pueden encontrar en los alrededores de las mezquitas. Todo lo que un musulmán pueda necesitar lo encontrará alrededor de la mezquita, sin necesidad de interrelacionarse con el resto de la sociedad alemana.

Las mezquitas no son clubs privados para hombres

Las mezquitas son lugares dónde la separación vertical de una comunidad entre hombres y mujeres queda claramente reflejada. Las mujeres están – con contadas excepciones – confinadas en salas separadas.

Una democracia, a pesar de todo, reside en el hecho que hombres y mujeres tienen los mismos derechos y deberes. La separación de la comunidad musulmana entre los hombres, quienes se pueden sentar en la mezquita, rezar y manejar sus asuntos, y las mujeres, confinadas en sus casas, no puede ser un modelo de integración. En el caso de que haya una discusión sobre la construcción de una mezquita, la cuestión a tratar es si las mujeres tendrán en ese lugar igual trato en la participación y la asunción de responsabilidades que los hombres.

Mientras en las mezquitas no se dé ejemplo de lo que es una sociedad igualitaria y se siga promulgando un modelo patriarcal arcaico, en estos lugares personas como yo no tienen nada que hacer. No comprendo la actitud de muchos embajadores y representantes de partidos políticos que promulgan la tolerancia hacia los musulmanes y al mismo tiempo permiten este tipo de discriminación de género.

El minarete como señal de victoria

Los musulmanes a menudo se quejan de que están obligados a rezar en domicilios privados o en vetustas oficinas. Esto no es ni anti-musulman ni discriminatorio. El prototipo de mezquita fue la de Mahoma en su casa de Medina: un patio con un pórtico abierto. No fue hasta que el Islam conquistó iglesias cuando la arquitectura de las mezquitas comenzó a cambiar.

El diseño del minarete, tal como luce en la actualidad en la mezquita de Colonia, se inspiró en las carpas o tiendas de campaña redondas. Su diseño no se populariza hasta la conquista de Bizancio por el Imperio Otomano. Copiando el modelo de la cúpula gigante de Santa Sofía en lo que más tarde se llamó Constantinopla, esta iglesia cristiana se convirtió en el prototipo a seguir por las mezquitas otomanas. Los minaretes se convirtieron en símbolos de la dominación otomana, también en La Meca. El diseño de la mezquita de Colonia sigue este patrón, como signo de conquista. Una cúpula abierta estilizada como un globo no transmite cosmopolitismo: lo que pasa debajo es significativo. Se podría interpretar este minarete como un clamor hegemónico, al igual que el Islam conquistó el templo cristiano de Santa Sofía, definiéndose a sí mismo como el «sello» de la consumación de la religión y reclamando el derecho a dominar el mundo. En cualquier caso, forma parte de la tradición otomana y en ningún caso ni su forma exterior ni su función interior apuntan a la integración o a la modernidad. Los arquitectos han hecho lo que sus contratistas conservadores les pidieron: una declaración política del Islam. Igual que lo del velo.

Las mezquitas que se usan para el sermón del viernes en el paisaje urbano son, al igual que el velo, toda una declaración de intenciones bien visible. Representan las palabras: estamos aquí, somos diferentes y tenemos el derecho a ser diferentes. Ciertamente tienen el derecho, pero deben permitir que se les pregunte: ¿Qué estáis haciendo con este derecho, y qué estáis haciendo por la sociedad? O ¿os estáis simplemente distanciando de ella?

La intención política detrás de este edificio en Colonia es dolorosamente clara. Otras mezquitas se construirán en otros lugares. Con el ejemplo de Colonia lo tendrán más fácil. En Duisburgo, una mezquita de viernes similar está siendo construida. Las organizaciones islámicas están presionando para su aceptación pública. Desean estar parejos con las iglesias. Qué mejor manera de mostrar esto que con piedras que claman «mira, nosotros también tenemos este tipo de edificios, como vosotros los cristianos y los judíos». Esto no es otra cosa que la manifestación y el proselitismo vía ladrillo y cemento.

Las políticas de la vergüenza

Es comprensible que haya habido resistencia ante estas posiciones políticas. Los musulmanes en Alemania tienen un gran problema – su baja credibilidad, puesto que entre sus palabras y sus actos media un gran trecho. Ante la opinión pública, ellos dan la imagen de respetar la constitución, pero realmente lo que se piensa y se hace entre esta comunidad no se explica; no hay transparencia.

Personalmente siento vergüenza por como se comportan los representantes de la comunidad islámica en Alemania. Problemas reales los hay, como los problemas de los inmigrantes con la lengua alemana, problemas educativos, familiares, relativos a las desigualdades que perjudican a las mujeres, crimen juvenil, violencia doméstica etc. Todos ellos urgentes, que requieren de fondos y el compromiso de la comunidad para solucionarlos, y en cambio ahí los tienen edificando un inmenso templo a imagen del poder que pretenden conseguir. Cada vez que estos problemas se ponen sobre la mesa replican que éstos nada tienen que ver con el Islam. Pero una religión que incide en todos los aspectos de la vida pública y privada mediante regulaciones, mandatos y tradiciones no puede esquivar las consecuencias de estas demandas a las primeras de cambio. Como respuesta, se achaca toda la responsabilidad a la sociedad alemana. En cambio, los musulmanes niegan tener nada que ver. Es tan escandaloso que llega a molestar. ¿Han hecho alguna campaña pública de recolecta de fondos para que todos los musulmanes puedan aprender alemán? ¿Han tenido alguna iniciativa en educación infantil o en defensa de los derechos de la mujer? Nada de nada. Se tiene dinero para arquitectos, abogados y hormigón pero no para el resto. Esperan además tener el aprecio del resto de la sociedad pero en ningún momento se plantean qué pueden hacer por ella, y por supuesto no se han parado a pensar que tendrían que estar agradecidos a la sociedad en la que viven. Por poner un ejemplo disfrutan de libertad de religión, cosa que no pueden decir ni cristianos, ni alevitas, ni armenios en Turquía y otros países islámicos.

El número de sectas y confesiones musulmanas es extenso, pero todas tienen en común que arremeten contra los alemanes como un todo, practicando la «taqiyya», el arte del engaño y la mentira como instrumento de relación con los no musulmanes. Los promotores de la mezquita de Colonia son representantes de las autoridades religiosas turcas. El DITIB sigue las instrucciones del gobierno turco en Alemania. No representa los intereses de los turcos alemanes.

La organización debería, por lo tanto, no sorprenderse de que la desconfianza y la preocupación sobre este tema aumenten, sobretodo si siguen presentándose como víctimas ante el menor atisbo de crítica. En este punto es adecuado recordar la sentencia de Max Frisch sobre la sociedad occidental: «Democracia significa que uno puede meterse en los asuntos de otro». El Islam es parte de la realidad alemana – y por lo tanto, es asunto de la sociedad alemana. Los musulmanes deben aceptarlo.

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