Religiones “rápidas” y “lentas”

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El filósofo alemán Karl Jaspers (1883-1969) es conocido por describir lo que llamó “era axial” o “tiempo-eje”, un periodo de espiritualidades florecientes entre aproximadamente el 800 y el 200 a.C., en el que habrían surgido en distintas áreas de Eurasia las filosofías y religiones mundiales más determinantes de la historia humana.

Estas “religiones mundiales” se desviarían considerablemente de las creencias religiosas más naturales (religiones más “lentas” en términos de estrategia de vida) para la mayoría de las culturas humanas. Las doctrinas “moralizantes” del Tiempo-Eje acentuarían el valor “lento” de la disciplina y la espiritualidad, en contraste con el enfoque más mundano, provinciano y “rápido” propio de los ritos arcaicos.

En contra de supuestos comunes, las religiones “moralizantes” no son frecuentes en el registro antropológico.

Las doctrinas religiosas con un enfoque moral y centradas en la búsqueda de “trascendencia personal” serían más bien propias del registro histórico, remontándose al siglo 5 anterior a la era cristiana tanto en la India (budismo, jainismo, vedismo) como en Grecia, de donde emergen radiantes movimientos de una nueva filosofía moral, encarnada en las escuelas epicúreas, escépticas y cínicas. Otras doctrinas semejantes en la búsqueda de una moral individual más disciplinada también surgen en la China confuciana, alrededor del mismo “Tiempo eje”.

 

Mapa del tiempo-eje

Mapa del tiempo-eje

 

Según Nicolas Baumard y sus compañeros (2016), las religiones mundiales moralizantes son las hijas de la prosperidad, en la medida en que esta permite trasladar a los individuos desde estrategias de “vida rápida”, de corte más coercitivo y materialista, a otras de “vida lenta” donde predomina el autocontrol y la cooperación, y puede emerger lo que conocemos como espiritualidad.

Medida por ejemplo en términos de energía consumida por los individuos, sería la prosperidad, más que la complejidad social, o el tamaño de los estados, el modelo que explicaría mejor el surgimiento de estos complejos de creencias en lugares del mundo aparentemente desconectados.

Además de facilitar un crecimiento en la complejidad cognitiva de las sociedades, al permitirse la aparición de nuevas clases sacerdotales o de escribas, otra posibilidad que barajan los autores para explicar la evolución de las religiones moralizantes es la emergencia de sociedades más “cosmopolitas, abiertas y diversas” donde las conductas generosas y universalizables son más valoradas, y donde las estrategias de vida más “lentas” y menos materialistas son viables de forma masiva–por vez primera en la evolución humana reciente: “en algún punto a mitad del primer milenio antes de Cristo, las viejas religiones “ritualistas” que enfatizaban estrategias de corto plazo habrían sido suplantadas por nuevas religiones “espirituales” que enfatizaban estrategias de largo plazo a través de ascetismo y técnicas de autocontrol”.