Adolf Tobeña y la neuroreligión

El día 12 se presentó en Madrid la plataforma Humanismo Secular que tiene entre sus objetivos propiciar el debate sobre religión desde la ciencia y la filosofía. Entre los ponentes estuvo Adolf Tobeña. Próximamente estarán colgados en esta web los vídeos del acto. Pero el profesor Tobeña ha sido tan amable de enviarnos un “paper” sobre neuroreligión que escribió para la revista Evolución, foro de los evolucionistas españoles SESBE y que incide en mucho de lo expuesto en Madrid.

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¿Puede triunfar el humanismo secular?

Autor: Eduardo Robredo Zugasti en revolucionnaturalista

El pasado 12 de enero se presentó públicamente en el Ateneo de Madrid el Foro Humanismo Secular, una asociación cultural de la que formo parte. Según la crónica publicada en Factual, Adolf Tobeña, profesor de psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona y uno de los ponentes del foro (los otros eran Fernando Savater, Paul Cliteur y Teresa Giménez Barbat), habría aportado algo de «pesimismo científico» al evento al indicar que el «ateísmo militante está abocado al fracaso», debido a que existiría en el ser humano «una prescripción que le lleva a ser religioso». Me gustaría responder ahora a esta afirmación.

La asociación entre religión y «naturaleza humana» es antigua en nuestra tradición, desde luego. La escolástica cristiana desarrolló una sofisticada «teología natural» que pretendía arraigar en la razón humana al menos como un «préambulo de la fe». Desde la antropología, el padre Schmidt defendió en 1910 la tesis de la «revelación primitiva» del monoteísmo en las sociedades tradicionales. Y la idea de un «animal creyente» con inextinguibles instintos místicos sobrevive hoy mismo en disciplinas que no son prima facieapologéticas: la historia y la sociología (Smith, 2009) la psicología y la biología evolucionista (Wilson, 2003), la neurociencia y la neuroteología (Newberg,2002) o la ciencia cognitiva (Boyer, 2002; Atran, 2002). De forma paralela, distintos científicos y filósofos, a veces incluídos en el título periodístico de «nuevos ateos», han irrumpido en el debate público para defender una visión algo menos acomodacionista de la religión y la naturaleza humana (Harris,2005, Dennett, 2006 o Dawkins, 2008).

¿En qué sentido la religión es «natural»?

Muchas de las aparentes evidencias que suelen aportarse en la actualidad para acomodar la naturaleza humana con las creencias religiosas provienen de la psicología del desarrollo y de las ciencias cognitivas. Paul Bloom (2007), en este sentido, defiende que los seres humanos han evolucionado un «dualismo de sentido común» asociado con la creencia en almas y espíritus que sobreviven al cuerpo. Significativamente, este tipo de creencias se desarrollarían en los niños independientemente de su cultura, dando lugar a lo que Boyer llama «hipertrofia de la cognición social» que permite atribuir estados mentales incluso cuando es claramente inapropiado (como demuestra el clásico experimento de Heider y Simmel) o a lo que Kelemen (2004) llama «teleología promiscua» que permite interpretar el mundo natural en términos de diseño e intencionalidad. Distintos trabajos (Williams, 2009) han mostrado que estas creencias naturales podrían funcionar como «obstáculos epistemológicos» para la adquisición del conocimiento científico genuino, que a menudo no coincide con la «ciencia» o la filosofía intuitiva de los «niños cartesianos» (Bloom, 2005).

Ninguna de estas evidencias puede interpretarse, sin embargo, en el sentido de que la religión es «natural» del mismo modo que lo es el lenguaje u otros universales admitidos en la lista de Brown. Todos los seres humanos sanos tienen un lenguaje pero no todos los seres humanos tienen una religión o confían su vida en los relatos sobrenaturales y del más allá.

Ante todo, los resultados de estos trabajos no confluyen en un concepto unívoco de «religión»: ¿Qué tiene que ver la meditación trascendental con rezar el rosario, por ejemplo, o el animismo con la santísima trinidad? Situando la cuestión en un contexto fisicalista, la «variable» realización física de los distintos fenómenos «religiosos» sugiere que estas manifestaciones podrían ser el resultado de procesos selectivos bastante diversos, lo que aconseja ser sumamente prudente con respecto a las grandes generalizaciones.

Otra dificultad procede de la evidente intersección de distintas agendas religiosas en los programas de investigación. Es inevitable tener en cuenta que muchos de los científicos que estudian hoy la religión desde la ciencia positiva son financiados por instituciones religiosas como la fundación John Templeton y otras similares. Recientemente, (Geertz, 2009 u Ovalekar, 2009) se ha destacado el posible conflicto de intereses que esta situación puede provocar en la ciencia.

Perspectivas de éxito secular

No sabemos hasta qué punto el racionalismo militante es eficaz en cuanto a su capacidad de conseguir «conversiones». Antes que Tobeña, muchos han mostrado también un sombrío «pesimismo científico» sobre este problema, desde Platón a Sigmund Freud. Pequeñas evidencias (Shariff et al, 2008; comentado aquí) sugieren en cambio que la exposición a los argumentos racionales (o racionalistas)  producen algunos efectos, y la misma experiencia de las asociaciones racionalistas en el mundo aportan testimonios positivos en este sentido.

Sobre todo, es muy importante aclarar que una sociedad secularizada -el principal objetivo del humanismo secular- no es una sociedad atea o sin «libertad religiosa», como temen con frecuencia los nostálgicos de la teocracia. Más bien, una sociedad secularizada es una donde la tolerancia y la libertad de pensamiento permiten que la religión no sea ya el marcador principal (o al menos, obligatorio) de las identidades personales y colectivas.

En realidad, este proceso de secularización es bastante independiente del racionalismo y del ateísmo militante, que probablemente continuarán constituyendo «minorías cognitivas» incluso en las sociedades más abiertamente laicas. En efecto, muchas evidencias convergen en la idea de que la secularización es un signo de salud social y de progreso histórico, fuertemente relacionado con el aumento del bienestar, la seguridad, la moralidad, la educación y la felicidad de las naciones. Recíprocamente, la religión tiene más importancia allí donde las sociedades son moralmente más disfuncionales, más inseguras y menos ricas (Paul, 2005). No son coincidencias misteriosas que las sociedades prósperas (The Pew Global Attitudes Project,2008) sean también las más agnósticas, que el porcentaje de ateísmo se dispare en la comunidad científica (Larson y Witham, 1998o filosófica, o que incluso la inteligencia (Nyborg, 2008) sea un fuerte predictor de irreligiosidad, también entre países (Lynn et al., 2008).

Ciertamente la religión no es «la raíz de todo mal«, sino un remedio contingente de la desgracia, como supo percibir en su día Marx («La religión es la queja de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas desalmado. Es el opio del pueblo») y ha explicado últimamente Tomas Rees (2009) con abundante apoyo empírico. En particular, la competencia de los «estados del bienestar» y de los proveedores seculares de servicios sociales con los proveedores religiosos tradicionales explicaría el declive de las religiones en los países occidentales (Gill, 2004) mucho más que la presión ideológica del activismo secular o el supuesto «nihilismo» de los valores seculares.

En resumen, ni el ateísmo ni la secularización están abocados al fracaso porque en el ser humano exista «una prescripción que le lleva a ser religioso». La naturaleza humana no presenta ningún inconveniente crucial para el humanismo secular. Incluso aunque estuviéramos dotados con ciertas «prescripciones» biológicas, como los sesgos animistas o la tendencia de los machos humanos a participar en coaliciones violentas, ninguno de estos argumentos empíricos sirve para justificar la «naturalidad» de la religión y para prohibir de antemano el progreso de la educación científica y moral de la humanidad.

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El «humanismo secular»

No se trataba de un Foro para ateos, decía Teresa Giménez Barbat en la presentación. El Foro Humanismo Secular inaugurado este martes en el Ateneo de Madrid tendrá como propósito mover al debate partiendo de la siguiente premisa, anunciada por Giménez Barbat: «No podemos vivir teniendo una ética que se basa en la religión; hay que buscar otro consenso». Fernando Savater ahondaba en este supuesto, con referencias a Albert Camus, Wittgenstein y Voltaire, al señalar que «la convivencia debe estar fundada en cuestiones interpersonales, y no en unas adhesiones o fanatismos obligatorios e impuestos por alguien». La expresión del fanático al decir de Voltaire, «piensa como yo o muere», manifestaría precisamente lo contrario al espíritu del ‘humanismo secular’, propio, qué duda cabe, de una sociedad libre y tolerante. En este sentido, Paul Cliteur, profesor de la Universidad de Leiden, señalaba que el secularismo sería la única forma en que gente de tradiciones diferentes pueden convivir pacíficamente. Esto es: el humanismo secular sería el ‘esperanto moral’, como reza el título del último libro traducido al español del autor holandés, con el que podríamos hablar de nuestras diferencias religiosas en términos no religiosos.

Adolf Tobeña, profesor de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona, científicamente derrotista, afirmaría con gran profusión de datos que el ‘humanismo secular’ no puede tener éxito, al menos en su vertiente ideológica expresada, según este autor, por científicos como Richard Dawkins y Daniel Dennet. Existe en el ser humano una prescripción biológica que le lleva a ser religioso. Luego el ateísmo militante está abocado al fracaso.

Publicado en Factual

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Nuestro apoyo a Robert Redeker

RedekerNuestro amigo Robert Redeker, participante entre otros eventos del curso que organizamos en Aranjuez, ha recibido la noticia de que el terrorista que ha matado a 7 americanos en una base en Afganistán es el mismo que le envió a él la fatua que está marcando su vida y le hace vivir como un prisionero. Desde aquí le damos todo nuestro apoyo. Leer PDF

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Presentación del Foro Humanismo Secular

El día 12/01/2010, en el Ateneo de Madrid, presentación del Foro Humanismo Secular. Intervienen Fernando Savater, Catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, Paul Cliteur, Catedrático de Jurisprudencia en la Universidad de Leiden (Holanda), Adolf Tobeña, Catedrático de Psicología Médica y Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Barcelona. Presenta y modera Teresa Giménez Barbat, presidenta de la asociación Ciutadans de Catalunya y del Foro Humanismo Secular. Se celebrará en el Salón de Actos a las 19.30 horas.

Muchas personas en el mundo ya no se identifican como «creyentes» o afiliados a algún grupo religioso. Sin embargo, este proceso de secularización, lejos de conducir al inmoralismo o al caos social, está fuertemente relacionado con el progreso y el bienestar humano. El humanismo secular es una plataforma para desarrollar una ética sin «ganchos celestes» que sepa incluir la razón, la compasión y la ciencia, con el objetivo de estimular la representación pública de los humanistas, los ateos, agnósticos y no creyentes.

Los ponentes:

Fernando Savater

Filósofo, activista y escritor español. Novelista y autor dramático, destaca en el campo del ensayo y el artículo periodístico. Ha reflexionado sobre el papel de las religiones en las sociedades democráticas actuales, propugnando un modelo de sociedad laica en su sentido más amplio, que ayude a afrontar no solo los planteamientos teocráticos, «sino también los sectarismos identitarios de etnicismos, nacionalismos y cualquier otro que pretenda someter los derechos de la ciudadanía abstracta e igualitaria a un determinismo segregacionista».

Paul Cliteur

Paul Cliteur

Nacido en Ámsterdam, en 1955, es catedrático de Jurisprudencia en la Universidad de Leiden y lo fue de Filosofía en la Universidad de Delft. Filósofo y abogado, combina la vida académica con una activa participación en los debates públicos acerca de derechos humanos, laicismo, humanismo y multiculturalismo en Holanda. En su libro «Esperanto moral» se pregunta si hay que ceder ante la intransigencia de quienes condenan a muerte a los que hacen bromas con la religión o caricaturizan a los profetas o si debería Occidente «aceptar la diferencia» hasta el punto de consentir formas de violencia en nombre de algún dios.

Adolf Tobeña

Adolf Tobeña

Es catedrático de Psicología Médica y Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde dirige el departamento de Psiquiatria y Medicina Legal. Es autor de más de 150 trabajos de investigación en neurociencia y ha publicado Sintonías Neurales (2000), Anatomía de la Agresividad Humana (2001), Sorbetes de ciencia (2003), Mártires Mortíferos: biología del altruismo letal (2004) y El Cerebro Erótico (2004).

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Blasfemar es un derecho, no un delito: ¡apoya a los ateos irlandeses!

Escrito por: Luis Alfonso Gámez en http://blogs.elcorreodigital.com

Con el nuevo año, ha entrado en vigor en Irlanda una ley antiblasfemia que castiga con una multa de hasta 25.000 euros a quien publique o difunda una expresión «manifiestamente abusiva o insultante relacionada con algo tenido por sagrado por cualquier religión, que indigne intencionadamente a un sustancioso numero de seguidores de esa religión». Los legisladores irlandeses han extendido así la protección legal a los seres imaginarios de todos los credos, cuando hasta ahora estaba limitada a los del panteón cristiano. Cuando la ley irlandesa castiga la blasfemia hacia «cualquier religión», eso pone a todas al mismo nivel, sean el islam o el raëlianismo. La verdad es que da lo mismo que el Ser Supremo sea el Yahvé tronante del Antiguo Testamento que decide acabar por ahogamiento con toda la vida en la Tierra porque el ser humano se porta mal, los pendencieros y juerguistas dioses de la Grecia clásica o La Fuerza que lo impregna todo en el Universo de George Lucas. Los principios de cualquier credo, tomados literalmente, son ridículos desde la razón, y es únicamente la costumbre la que hace que algunos de nuestros paisanos vean con distintos ojos la transustanciación y el vudú.

Como han dicho los ateos irlandeses, «esta nueva ley es a la vez absurda y peligrosa. Es una tontería, porque las leyes religiosas medievales no tienen sitio en una república laica moderna, donde el derecho penal debe proteger a las personas y no las ideas. Y es peligrosa porque incentiva la indignación religiosa y porque los países islámicos, liderados por Pakistán, están utilizando ya la existencia de esta norma irlandesa para promover nuevas leyes sobre la blasfemia en la ONU. Creemos en la regla de oro: que tenemos derecho a ser tratados con justicia y que tenemos la responsabilidad de tratar a los demás con justicia. Las leyes sobre la blasfemia son injustas: silencian a las personas para proteger las ideas. En una sociedad civilizada, las personas tienen derecho a expresar y escuchar ideas sobre la religión aunque éstas resulten indignantes patra otras personas». Para demostrar lo estúpido de la ley, los ateos irlandeses han publicado en su web veinticinco citas blasfemas de individuos como Jesús, Mahoma y Benedicto XVI -cada uno de los cuales ha blasfemado contra dioses que no son el suyo-, retando así a la Justicia a que emprenda acciones legales.

La blasfemia sólo la considera tal un creyente cuando se dirige contra su dios, no cuando el blanco es otra divinidad. A los cienciólogos no les gusta que se demuestre la irracionalidad de las ideas de L. Ron Hubbard, ni a muchos cristianos que se tache al dios del Antiguo Testamento de iracundo, caprichoso y despreciable. ¿Y qué? Que se aguanten. La crítica a todas las ideas, incluidas las religiosas, es un derecho al que nunca debemos renunciar. La publicación de unas caricaturas sobre Mahoma en el diario danés Jyllands-Posten se plasmó hace cuatro años en una violenta reacción en el mundo islámico y el viernes en un intento de asesinato del dibujante por parte de un fanático religioso. Entre ambos episodios, José Luis Rodríguez Zapatero y el primer ministro turco, Recep Tayip Erdogan, abogaron por poner límites a la libertad de expresión para no molestar a los fanáticos, por renunciar a un derecho básico para quedar bien con los intolerantes. Por fortuna, organismos como la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa desautorizaron esas pretensiones y reivindicaron la Europa de la Ilustración. Pero no podemos bajar la guardia.

Ahora Irlanda ha dado un paso atrás en sus libertades y, por extensión, en las de todos. ¿Multarán a los astrónomos por decir que el Universo tiene 13.700 millones de años e indignar a los creacionistas católicos, protestantes y musulmanes? ¿Y si un historiador sentencia que Adán y Eva no existieron y el Diluvio Universal es una leyenda ? ¿Y si un médico mantiene que lo de la concepción virginal es un cuento chino? Cada una de esas afirmaciones ofende a mucha gente en Irlanda. Seguro. Por eso, les animo a reivindicar el derecho a blasfemar, a apoyar a los ateos de ese país en su lucha, que es la nuestra: únanse al grupo de Facebook contra la ley antiblasfemia irlandesaincorporen a su avatar de Twitter la famosa caricatura de Mahoma con una bomba por turbante.

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