Un jeque dice a los terroristas: Iros al infierno
autor: Christian Caryl – Traducción: Carmen Casariego
Un clérigo paquistaní declara la yihad contra los terroristas suicidas. Y sólo es el comienzo
La prensa paquistaní recogió hace poco una extraña historia proveniente del gabinete de seguridad del país. Los reporteros se enteraron de que el gobierno había interceptado un mesaje secreto que circulaba entre miembros de Tehrik-e-Taliban, el más importante grupo militante entre los que intentan derrocar el gobierno de Islamabad. Los yihaidistas, según parece, acababan de añadir un nuevo nombre a sus listas de ejecuciones. El nombre es el de Tahir ul-Qadri, y no se trata de un funcionario del gobierno, sino de uno de los principales estudiosos del Islam en Paquistán, una verdadera autoridad del Corán y las leyes religiosas islámicas.
No es de extrañar que los terroristas quieran ver a Qadri muerto. El mes pasado promulgó una fatwa, un pronunciamiento legal, de 600 páginas, en la que condenaba el terrorismo como algo no islámico. Unos pocos medios occidentales recogieron la noticia, pero la cobertura se diluyó pronto. Y es una verdadera lástima porque la historia de esta fatwa estaba empezando a cobrar interés. “He declarado una yihad contra el terrorismo” dice Qadri, de 59 años de edad, en una entrevista. “Estoy intentando atraer (a los terroristas) hacia el humanismo. Se trata de una yihad contra la brutalidad, para que vuelvan a la normalidad. Es una yihad intelectual”. No se trata de retórica vacua. El año pasado, militantes terroristas asesinaron a uno de los colegas de Qadri, un estudioso llamado Sarfraz Ahmed Naeem, por expresar una postura similar.
No es la primera vez que un jurista musulmán denuncia los ataques suicidas con bomba como algo contrario al espíritu del Islam. Pero la norma de Qadri sienta un precedente importante, que bien podría contribuir a una lucha entre los terroristas suicidas (y aquellos que les apoyan) y una política islámica más moderada. Muchos estudiosos islámicos han denunciado el terrorismo antes que Qadri. Lo que destaca de su postura es el rigor sin transigencias de su punto de vista, en el que hace un gran despliegue de fuentes islámicas clásicas para respaldar su razonamiento de que aquellos que cometen actos de terrorismo están fuera de juego. Pone especial interés en dirigirse a la próxima generación, miembros jóvenes de la ummah global (la comunidad de creyentes) que están desorientados tras el turbio ambiente generado a partir del 11-S.
La fatwa de Qadir intenta establecer algo de claridad y cordura. Su razonamiento, construido en torno a una meticulosa lectura del Corán y de los hatith (dichos atribuidos al profeta Mahoma), establece que los actos de terrorismo son completamente contrarios a las enseñanzas islámicas. Bastantes estudiosos han condenado el terrorismo con anterioridad, tachándolo de haram (prohibido), pero esta nueva fatwa lo declara categóricamente kurf (acto impío). “Tenía la necesidad”, dice Qadri, “de enfrentarme a este tema con autenticidad, con plena autoridad, con plena y relevante autoridad coránica, para que (los terroristas) se dieran cuenta de que lo que les han enseñado es absolutamente erróneo y que van a ir al fuego del infierno. No van a encontrar el paraíso y no van a tener 72 vírgenes en el cielo. Están completamente equivocados.”
No resulta difícil imaginar porqué a los talibanes esto les hace tan poca gracia. “Qadri ha sido muy valiente al decir que a estos terroristas les esperan en el infierno”, dice Hassan Abbas, un estudioso paquistaní del Belfer Center en la Universidad de Harvard. “Está siendo claramente provocativo, en un sentido positivo, y cabe destacar la valentía de su acto”. Comenta que la fatwa incluye críticas específicas contra el movimiento conservador Deoband, cuyas enseñanzas se encuentran en el fondo de muchos grupos islámicos militantes en el sur de Asia, y esto ha enfurecido a muchos de los Deobandis. (Qadri mismo es un prominente representante de la escuela Barelvi, del islamismo suní, un grupo influido por los sufíes que, relata Abbas, históricamente ha tenido muchos más seguidores que los Deobandis en Paquistán). Sin embargo, pocos de los yihaidistas del núcleo duro van a dejarse influir por las formidables credenciales eruditas de Qadri. Qadri tiene en mente a otros grupos, principalmente se dirige a personas con dudas.
Abbas, que se describe a sí mismo como miembro de esa corriente musulmana, dice que la decisión de Qadri de anunciar la publicación de la fatwa en Londres en vez de en su casa, en Paquistán, puede haber disminuido ligeramente su impacto inicial. “Curiosamente, la fatwa ha generado debate en la blogesfera, entre jóvenes musulmanes que viven en Occidente”, nos dice. “Creo que potencialmente esto puede ser la contribución más importante de este trabajo a corto y medio plazo. El hecho de que tantos de sus discursos y conferencias se encuentren en la red (incluyendo YouTube) indica que tiene un seguimiento global, especialmente entre musulmanes educados.” Además, no ha impedido que la fatwa (originalmente escrita en urdu) cobre atención en publicaciones que van desde el Medio Oriente a las Filipinas, y esta atención seguramente va a crecer a medida que el trabajo en su totalidad se vaya traduciendo a lenguas relevantes. (Por ejemplo, la traducción completa de la fatwa al inglés acaba de ser terminada. Los asistentes de Qadri están aún buscando un editor apropiado para publicarla en Occidente). Podría ocurrir que algunos seguidores estén dándole demasiada importancia a todo ello? Ahmed Quraishi, un comentarista paquistaní conservador en Islamabad, discute la influencia de Qadri, tanto política como de otra índole. Otros eruditos antes que Qadri han condenado los atentados suicidas, insiste. “El suicidio está claramente prohibido en el Islam a través de requerimientos que aparecen en el Corán”, dice Quraishi, “pero combatir y morir en defensa propia no lo está. De hecho, se exhorta a ello. Así es que cuando aparece un estudioso musulmán y dice ‘los ataques suicidas son haram’, tienes que ir a la letra pequeña. Está prohibido si se trata de matar a inocentes. Pero no lo está si se trata de atacar a invasores u ocupantes.” Esto es lo que otros muchos han argumentado con anterioridad. Pero una de las cuestiones que hace que la fatwa de Qadri sea tan atractiva es precisamente que deja de lado esta lógica. Según lo ve Qadri, la afirmación de que el terrorismo es una legítima o excusable respuesta a la opresión es un “horroroso silogismo” porque “el mal no puede convertirse en bien bajo ninguna circunstancia.” (Desde luego, también denuncia la ocupación y los actos de agresión contra el Islam, pero insiste en que se debe oponer resistencia pacífica a los mismos siempre que sea posible, y de acuerdo con las leyes de la guerra cuando no lo sea.) Incluso, como se ha dicho antes, Qadri va mucho más allá de declarar los actos terroristas meramente como “prohibidos”. Desde su punto de vista, son una manifestación de la falta de fe, no sólo un grave pecado, sino una verdedera negación del Islam.
En una palabra, se trata de manifestaciones enérgicas, que añaden evidencia adicional, caso de ser necesaria, al hecho de que la llamada “guerra contra el terror” palidece si la comparamos con la guerra interna en el Islam, la lucha continua, sutil y completamente vital por el alma con fe. Valdrá la pena seguir el impacto que estas 600 páginas tendrán sobre las mentes inquietas del Islam en los próximos años. “La verdadera contribución de la fatwa no puede ponerse de relieve en unas pocas semanas” dice Abbas. “El mensaje se difundirá lentamente.” Pero se difundirá. Manténgase a la escucha.
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Pues ya era hora. Debería ser una condicion sine qua non para tener permiso para predicar o establecer una mezquita.