El Islam hecho hormigón
El Islam hecho hormigón: a propósito del conflicto alrededor de la construcción de una gran mezquita en Colonia, por Necla Kelek ( Publicista, científica social y feminista. Nacida en Turquía y criada en Alemania.)
Los musulmanes en Alemania quieren tener una mayor presencia y reconocimiento oficial, pero sus mezquitas no son el mejor instrumento, puesto que no hacen más que incidir en su alejamiento respecto de la sociedad que los acoge.
Las mezquitas no son iglesias
Si uno desea ver la mezquita más grande de Ankara, llamada Kocatepe Camii, inicialmente uno se encuentra enfrente de un centro comercial. Una vez recorrido el departamento de pantalones y camisas una escalera permite acceder al lugar.
Esta enorme mezquita, que con el tiempo ha sido incorporada al escudo de armas de la ciudad, descansa toda ella sobre un enorme bazar. Ésta es una tradición con arraigo en el Islam, puesto que el propio Profeta fue en su tiempo un comerciante, y muchas prácticas de este culto están basadas en una especie de mercadeo con Dios. Es más, en otro distrito de la capital una mezquita de reciente construcción pero diseñada al viejo estilo, alberga en su planta baja una tienda de sofás.
Mezquitas, «masjids», son literalmente lugares donde uno va a tumbarse. Según la tradición islámica éstos no son lugares sagrados, si no espacios de encuentro donde los hombres acuden a rezar pero también a hacer negocios. La mezquita es un centro social.
En el Corán solo se menciona a las mezquitas en un único verso «…casas a las que Dios ha dado su consentimiento para que sean construidas y Su nombre sea mencionado en ellas…» ( Sura 24, Verso 36).
El lugar donde Mahoma se encontraba con sus seguidores; tal cómo el estudioso del Islam Meter Heine escribió en su diccionario «Islam-Lexikon», las mezquitas tenían funciones administrativas: «Las reuniones de los consejos tribales tenían lugar en ellas».
Han surgido dos tipos de lugares para la oración. El primero es el destinado a los practicantes diarios, y el segundo el propio de los sermones del viernes. Los sermones del viernes siempre han tenido un carácter político; es en este tipo de mezquitas donde los Califas difundían su doctrina. El tamaño y los interiores de la mezquita de Colonia sugieren claramente que se trata de una mezquita pensada para los sermones del viernes.
En principio, no hay nada en contra de la construcción de este edificio en Alemania. Según las leyes alemanas, todo el mundo tiene derecho a practicar una religión y a reunirse con otros fieles. Pero las asociaciones islámicas no están reconocidas como comunidades religiosas. La mayoría no han intentado ni siquiera obtener este reconocimiento, aún cuando lo podrían haber solicitado en cualquier estado federado – como sí han hecho con éxito los Alevitas, una corriente islámica no reconocida por el resto de asociaciones islámicas como musulmana. Es el caso de La Milli Görus y el DITIB (una rama alemana de Diyanet Isleri Baskanligi (Presidencia de Asuntos Religiosos), que al darse cuenta de que no cumplían los requisitos para obtener dicho reconocimiento deciden construir primero sus mezquitas, parapetarse detrás de otras asociaciones culturales para evitar responder cuestiones críticas como cual es su número de miembros, finanzas y lazos con gobiernos extranjeros y esperar el momento oportuno para lograr su reconocimiento.
Leyendo las lecturas musulmanas, vemos que las mezquitas no son lugares sagrados como las iglesias o las sinagogas, si no «espacios multi-funcionales». Se prefiere guardar esta evidencia en secreto. Como el hecho de que el Islam no es una iglesia. El Islam no se define a sí mismo como una congregación religiosa, si no como una filosofía de la vida que congrega en una misma unidad política y religión. No existe una doctrina teológica obligatoria. En este sentido, las asociaciones islámicas funcionan como partidos políticos, como lobbies políticos. Esto significa que la construcción de mezquitas no es una cuestión de libertad religiosa, si no de libertad política. Las leyes sobre construcción y asociacionismo están constreñidas a estos asuntos. Por esta razón, un criterio para la constitución de una asociación política islámica debería ser la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Está garantizada la no discriminación de las mujeres? Y una segunda cuestión sería: ¿Sirven estos templos para ayudar en la integración? Hay espacio para la duda. De la manera que el Islam se practica en muchas mezquitas alemanas, ha demostrado ser una barrera contra la integración (COUNTER SOCIETY). Las mezquitas de mayor tamaño en Alemania se han ido convirtiendo en Medinas. En esos lugares los musulmanes practican sin supervisión exterior lo que ellos llaman la ley de Dios. No sólo se cultiva la espiritualidad y la salvación de los creyentes, si no que se disemina el patrón de una nueva sociedad de acuerdo con la sharia. En esos lugares los niños aprenden a distanciarse de la sociedad alemana – aprenden a dividir la sociedad entre creyentes y no creyentes. Aprenden que las mujeres deben servir a los hombres y que los alemanes son impuros, porque comen cerdo y no están circuncidados. Todo esto pasa sin ninguna supervisión exterior. Estas mezquitas se convierten en centros donde todas las necesidades pueden ser satisfechas, como si vivieran en un pequeño pueblo. Normalmente una escuela coránica, tiendas de comida kosher, agencias de viaje, peluquerías, restaurantes o salones de té se pueden encontrar en los alrededores de las mezquitas. Todo lo que un musulmán pueda necesitar lo encontrará alrededor de la mezquita, sin necesidad de interrelacionarse con el resto de la sociedad alemana.
Las mezquitas no son clubs privados para hombres
Las mezquitas son lugares dónde la separación vertical de una comunidad entre hombres y mujeres queda claramente reflejada. Las mujeres están – con contadas excepciones – confinadas en salas separadas.
Una democracia, a pesar de todo, reside en el hecho que hombres y mujeres tienen los mismos derechos y deberes. La separación de la comunidad musulmana entre los hombres, quienes se pueden sentar en la mezquita, rezar y manejar sus asuntos, y las mujeres, confinadas en sus casas, no puede ser un modelo de integración. En el caso de que haya una discusión sobre la construcción de una mezquita, la cuestión a tratar es si las mujeres tendrán en ese lugar igual trato en la participación y la asunción de responsabilidades que los hombres.
Mientras en las mezquitas no se dé ejemplo de lo que es una sociedad igualitaria y se siga promulgando un modelo patriarcal arcaico, en estos lugares personas como yo no tienen nada que hacer. No comprendo la actitud de muchos embajadores y representantes de partidos políticos que promulgan la tolerancia hacia los musulmanes y al mismo tiempo permiten este tipo de discriminación de género.
El minarete como señal de victoria
Los musulmanes a menudo se quejan de que están obligados a rezar en domicilios privados o en vetustas oficinas. Esto no es ni anti-musulman ni discriminatorio. El prototipo de mezquita fue la de Mahoma en su casa de Medina: un patio con un pórtico abierto. No fue hasta que el Islam conquistó iglesias cuando la arquitectura de las mezquitas comenzó a cambiar.
El diseño del minarete, tal como luce en la actualidad en la mezquita de Colonia, se inspiró en las carpas o tiendas de campaña redondas. Su diseño no se populariza hasta la conquista de Bizancio por el Imperio Otomano. Copiando el modelo de la cúpula gigante de Santa Sofía en lo que más tarde se llamó Constantinopla, esta iglesia cristiana se convirtió en el prototipo a seguir por las mezquitas otomanas. Los minaretes se convirtieron en símbolos de la dominación otomana, también en La Meca. El diseño de la mezquita de Colonia sigue este patrón, como signo de conquista. Una cúpula abierta estilizada como un globo no transmite cosmopolitismo: lo que pasa debajo es significativo. Se podría interpretar este minarete como un clamor hegemónico, al igual que el Islam conquistó el templo cristiano de Santa Sofía, definiéndose a sí mismo como el «sello» de la consumación de la religión y reclamando el derecho a dominar el mundo. En cualquier caso, forma parte de la tradición otomana y en ningún caso ni su forma exterior ni su función interior apuntan a la integración o a la modernidad. Los arquitectos han hecho lo que sus contratistas conservadores les pidieron: una declaración política del Islam. Igual que lo del velo.
Las mezquitas que se usan para el sermón del viernes en el paisaje urbano son, al igual que el velo, toda una declaración de intenciones bien visible. Representan las palabras: estamos aquí, somos diferentes y tenemos el derecho a ser diferentes. Ciertamente tienen el derecho, pero deben permitir que se les pregunte: ¿Qué estáis haciendo con este derecho, y qué estáis haciendo por la sociedad? O ¿os estáis simplemente distanciando de ella?
La intención política detrás de este edificio en Colonia es dolorosamente clara. Otras mezquitas se construirán en otros lugares. Con el ejemplo de Colonia lo tendrán más fácil. En Duisburgo, una mezquita de viernes similar está siendo construida. Las organizaciones islámicas están presionando para su aceptación pública. Desean estar parejos con las iglesias. Qué mejor manera de mostrar esto que con piedras que claman «mira, nosotros también tenemos este tipo de edificios, como vosotros los cristianos y los judíos». Esto no es otra cosa que la manifestación y el proselitismo vía ladrillo y cemento.
Las políticas de la vergüenza
Es comprensible que haya habido resistencia ante estas posiciones políticas. Los musulmanes en Alemania tienen un gran problema – su baja credibilidad, puesto que entre sus palabras y sus actos media un gran trecho. Ante la opinión pública, ellos dan la imagen de respetar la constitución, pero realmente lo que se piensa y se hace entre esta comunidad no se explica; no hay transparencia.
Personalmente siento vergüenza por como se comportan los representantes de la comunidad islámica en Alemania. Problemas reales los hay, como los problemas de los inmigrantes con la lengua alemana, problemas educativos, familiares, relativos a las desigualdades que perjudican a las mujeres, crimen juvenil, violencia doméstica etc. Todos ellos urgentes, que requieren de fondos y el compromiso de la comunidad para solucionarlos, y en cambio ahí los tienen edificando un inmenso templo a imagen del poder que pretenden conseguir. Cada vez que estos problemas se ponen sobre la mesa replican que éstos nada tienen que ver con el Islam. Pero una religión que incide en todos los aspectos de la vida pública y privada mediante regulaciones, mandatos y tradiciones no puede esquivar las consecuencias de estas demandas a las primeras de cambio. Como respuesta, se achaca toda la responsabilidad a la sociedad alemana. En cambio, los musulmanes niegan tener nada que ver. Es tan escandaloso que llega a molestar. ¿Han hecho alguna campaña pública de recolecta de fondos para que todos los musulmanes puedan aprender alemán? ¿Han tenido alguna iniciativa en educación infantil o en defensa de los derechos de la mujer? Nada de nada. Se tiene dinero para arquitectos, abogados y hormigón pero no para el resto. Esperan además tener el aprecio del resto de la sociedad pero en ningún momento se plantean qué pueden hacer por ella, y por supuesto no se han parado a pensar que tendrían que estar agradecidos a la sociedad en la que viven. Por poner un ejemplo disfrutan de libertad de religión, cosa que no pueden decir ni cristianos, ni alevitas, ni armenios en Turquía y otros países islámicos.
El número de sectas y confesiones musulmanas es extenso, pero todas tienen en común que arremeten contra los alemanes como un todo, practicando la «taqiyya», el arte del engaño y la mentira como instrumento de relación con los no musulmanes. Los promotores de la mezquita de Colonia son representantes de las autoridades religiosas turcas. El DITIB sigue las instrucciones del gobierno turco en Alemania. No representa los intereses de los turcos alemanes.
La organización debería, por lo tanto, no sorprenderse de que la desconfianza y la preocupación sobre este tema aumenten, sobretodo si siguen presentándose como víctimas ante el menor atisbo de crítica. En este punto es adecuado recordar la sentencia de Max Frisch sobre la sociedad occidental: «Democracia significa que uno puede meterse en los asuntos de otro». El Islam es parte de la realidad alemana – y por lo tanto, es asunto de la sociedad alemana. Los musulmanes deben aceptarlo.
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