Discurso preliminar al Sistema de la naturaleza

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Discurso preliminar al Sistema de la naturaleza, de Paul Henri Thiry, Barón de Holbach. Publicado en el Foro de Humanismo Secular por cortesía de la editorial Laetoli (Pamplona, 2008)

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In hoc sumus sapientes, quod Naturam, optimam ducem tanquam Deum sequimur, eique paremus.

[Nuestra sabiduría consiste en seguir a la naturaleza, la mejor guía, y obedecerla como a nuestro Dios]

– Cicerón, De Senect.,liber II, 5

¡Hombre!, cuando leas esta obra su autor no será sino un poco de polvo. La razón se ve obligada a hablar sólo desde el fondo de la tumba: el grito de la naturaleza está silenciado en todas partes por hijos ingratos que temen oírlo, la verdad no puede mostrarse sin peligros en este mundo que debería ilustrar. La virtud sin apoyo, la sabiduría despreciada, la verdadera moral ignorada, están expulsadas de esta tierra que tendrían que gobernar. No les está permitido de ningún modo instruir al género humano, consolarlo en sus penas, indicarle las causas, enseñarle los remedios: el amigo de los hombres está obligado a encerrar sus pensamientos en su corazón, ahogar sus suspiros y ser el espectador mudo de los infortunios de sus semejantes. Calumnias, cadenas y hogueras son el castigo que la impostura triunfante reser va en todas partes a quienes se atreven a rasgar el velo que cubre los ojos de los mortales.

La superstición y la tiranía han invadido el mundo y han hecho de él un calabozo tenebroso, cuyo silencio turban sólo los clamores de la mentira o los sollozos que la opresión arranca a los cautivos que encierra. Estas dos furias, siempre vigilantes, impiden que la luz se abra paso hasta su sombría morada; de ningún modo soportan que se ilustre o conforte a los esclavos, a quienes la ignorancia, el terror y la credulidad mantienen encadenados a sus pies. Por orden de ellas, la impostura, sentada a la entrada de esta cárcel, embriaga a sus víctimas desde la infancia con el brebaje del error. Estos desgraciados quedan toda su vida bajo los efectos del filtro venenoso; subsiste en ellos para siempre una debilidad o una demencia habituales, de las que se aprovecha la autoridad para encadenarlos. La violencia, la opinión y la inercia los mantienen embotados en un sueño incesantemente turbado por fantasmas y sueños funestos, y no salen de este inquieto reposo sino para entrar en un delirio aún más peligroso. Entonces, turbados por sus sueños insensatos, reciben de manos del fanatismo los cuchillos homicidas afilados por el fervor, se hieren unos a otros y se destruyen sin causa. Ante el nombre fatal de un ser desconocido quedan poseídos por un pánico terrible. Cada uno en su locura considera un mérito, un deber, odiar, atormentar o dego llar a cualquiera que no delire como él.

Así es cómo la superstición enciende y justifica las pasiones ciegas de los hijos de la Tierra. Sin embargo, la naturaleza los había desti nado a amarse, a vivir en paz en este mundo y a pensar de maneras diversas. Pero la naturaleza es desconocida por la religión, monstruo alumbrado por la melancolía o la imaginación en desorden que se complace en combatir a la naturaleza, de la que está descontenta: quiere destruir su poder. Llama a sus defensores al combate bajo los estandartes de un Dios salvaje, a quien anuncia como tirano del género humano, como amo del mundo, como su legislador y su rey, como el árbitro de sus destinos. No vincula el favor de este monarca inconcebible sino al olvido de la razón, al odio al placer y, sobre todo, a la ignorancia sumisa. Amenaza con eternas desgracias a todos cuantos se niegan a compartir sus conjeturas sobre un fantasma que ha compuesto con cualidades imposibles de conciliar.

Sin embargo, la política cree necesaria esta religión para el gobierno de los pueblos y para su propio sostén. Corrompida por sus adulaciones, asustada por sus amenazas y engañada por sus promesas, mediante una alianza monstruosa se une a un rival que la convence de que es el soporte de su poder: en consecuencia, la secunda, hace causa común con ella y hasta se cree obligada a compartir sus furores. Ambas se unen para aplastar la razón, la verdad y la naturaleza, que siempre se opondrán a los proyectos criminales de los enemigos del género humano.

Aparta pues, ser inteligente, la venda que cubre tus párpados. Abre los ojos a la luz. Utiliza la antorcha que la naturaleza te ofrece para contemplar los vanos objetos que turban tu espíritu. Pide ayuda a la experiencia, consulta a tu razón, despierta de los extravíos de tu imaginación sorprendida y verás pronto que sólo el delirio ha creado los fantasmas que te inquietan. Entonces la serenidad se restablecerá en tu alma, la humanidad, la indulgencia y la paz volverán a tu corazón, y te desembarazarás para siempre de esos temores cotidianos que te hacen envejecer temblando, esos odios que te convierten en enemi go tanto de ti mismo como de los demás, esos vanos meteoros que te impiden seguir el sendero de la felicidad. La razón, guía seguro del ser inteligente, recobrará sus derechos sobre tu espíritu, te hablará claramente, te consolorá de los males vinculados a tu especie, te enseñará la manera de usar con prudencia los bienes que deseas y te mostrará las vías capaces de llevarte a los bienes que te está permitido gozar.

Entonces dejarás de atribuir la bondad o la maldad, la clemencia o el rigor, la indulgencia o la cólera, la perfección o la imperfección, a un mundo en el que todo se hace según leyes necesarias. Esta fuerza, que crees conocer mejor llamándola Dios, no es sino la energía del gran conjunto, cuya esencia es actuar: no es realmente sino la materia que actúa en el tiempo y llena el espacio. Tú formas parte de ese conjunto cuyas leyes inalterables quieren que goces o sufras en el tiempo, que sientas placeres y penas rodeado por el espacio, que materias provistas de propiedades diferentes actúen alternativamente sobre ti de manera que las encuentres tanto favorables como dañinas para tu existencia presente. Sin embargo, el tiempo, el espacio, la materia y el movimiento no son buenos ni malos.

Tus placeres y penas provienen de tu propia esencia y de la que constituye los cuerpos cuya acción sientes. Como ser organizado para pensar y sentir, tienes que gozar y sufrir, tienes que amar y odiar según tus órganos sean afectados por las causas que te rodean o que llevas en ti mismo. Cambias porque todo cambia, mueres porque todo se disuelve o se transforma en el universo. Busca en las leyes constantes que regulan los movimientos de los cuerpos la fuente de los males que llamas físicos. Busca en tu ignorancia, tu credulidad, tus opiniones falsas y tus costumbres, en la ceguera y la perversidad de tus guías y en sus instituciones depravadas la verdadera fuente de los males que llamas morales. Estudia, pues, tus relaciones con los seres que te rodean y descubrirás las causas y los remedios de los males físicos que te aquejan. Instrúyete acerca de los caminos de la naturaleza y podrás usarlos para alejar el dolor y hallar el bienestar. Medita acerca de tus relaciones con los seres de tu especie, reflexiona sobre ti mismo y conocerás tanto lo que debes a los demás como lo que ellos te deben a ti. En la corrupción, que la ignorancia, la impunidad, la adulación y la licencia hacen germinar en las almas de los amos del mundo, es donde hallarás el principio de estas pasiones que te atormentan y te inducen sin cesar a procurar tu felicidad en la desgracia de tus hermanos. En tu educación poco razonable, en tus prejuicios sagrados, en tus locas opiniones, en tus costumbres estrafalarias y en tus leyes tan a menudo contrarias a tu naturaleza encontrarás la fuente de tus extravíos. He aquí la serpiente del Paraíso, cuya seducción ha desterrado la felicidad de este mundo;he aquí la caja de Pandora, de donde han salido los males que inundan la Tierra. Así es como ha llegado el hombre a ser el artesano de su desgracia.

No hagas descender de un Dios al que no conocerás jamás, que se contradice a sí mismo y al que los hombres perversos hacen hablar en cada país según sus propios intereses, las reglas de tus deberes, que son claras y precisas y que la naturaleza te muestra de manera patente. Estos deberes son consecuencias necesarias del amor del hombre por sí mismo, están fundados en las relaciones existentes entre ti y los seres útiles para tu propia felicidad. Estos deberes no pueden apoyarse sólidamente en los caprichos de un ser acerca del cual no tienes ideas ciertas, ni en unas revelaciones que varían según el clima del globo en que vives. Te engañan cuando te dicen que tu Dios ha hablado, te extravían cuando te ordenan seguir las órdenes de un ser desconocido imposible de comprobar. Te ciegan cuando te aseguran que este ser es el enemigo de la razón, te corrompen cuando te convencen de que este amo te ordena ultrajar a la naturaleza y hacer desgraciados a tus prójimos. Te inducen al crimen cuando pretenden que hay medios para obtener de este Dios el perdón por el mal que causas a tus semejantes.

Extrae, pues, tu moral de tu propio corazón; es la misma para todos los países. Consulta a sus habitantes: todas las voces se unirán para proclamar que la raza humana no puede subsistir de ningún modo sin justicia, que la bondad es su vínculo más dulce, que la humanidad forma una gran familia con todos los hijos de la naturaleza, que el crimen los separa, que el vicio daña tarde o temprano a todo aquel que se deja esclavizar por él, y que ni siquiera por azar puede el malo ser verdaderamente feliz.

Interrógale, pregúntale si está satisfecho con su conducta, y si le gustaría verse sometido por los demás a los tratos a los que él los somete. Te responderá cabizbajo que la justicia a la que ultraja, la humanidad que pisotea bajo sus pies, la sinceridad que desprecia y la compasión contra la que su alma se ha endurecido son, sin embargo, las cualidades que le gustaría poseer y que desea hallar en aquellos a los que lo ha unido su destino.

Así descubrirás que el hombre debe algo al hombre, no porque un Dios castigue a los infractores de sus leyes sino porque el hombre, debido al organismo del que está dotado, por el deseo de bienestar que le anima, por la esfera que ocupa y el estado de sociedad en que vive, es el ser más necesario para la felicidad de sus semejantes. Descubrirás, además, que el hombre se debe también a sí mismo y que, cual quiera que sea su suerte en el futuro, debe aprovechar durante su estancia actual los medios de los que depende la conservación de su ser, y evitar todos los excesos cuyos efectos harían su existencia dolorosa, ya sea de forma inmediata, ya a largo plazo.

Desengáñate, pues, hijo de la naturaleza, acerca de esas relaciones ficticias supuestamente existentes entre ti y el poder desconocido que ha creado la ignorancia y que el fervor ha revestido de mil cualidades incompatibles. Sé razonable: ésta es tu religión. Sé virtuoso: éste es el sendero de la felicidad. Hazte útil a los demás: éste es el medio de complacerlos y animarlos a secundar tus proyectos. No te dañes a ti mismo: esto es lo que se debe a sí mismo un ser razonable.

Si no te está permitido conocer de antemano la suerte que el futuro te depara, modera tus pensamientos, acepta ignorar el papel que tus par tes dispersas ocuparán tras la descomposición de tu actual conjunto. Basta que sepas que, mientras seas hombre, la sociedad es beneficiosa para ti, que para hacer que tus semejantes se ocupen de tu bienestar debes ocuparte del suyo, que tienes que mostrarles los sentimientos que les pides. Si pagan con ingratitudes las obras buenas que les haces, no podrán al menos privarte totalmente de la recompensa que habrás merecido, te apreciarás a ti mismo, sentirás tu propia dignidad, serás grande a tus propios ojos y querido por todos aquellos que conocen el precio de la virtud.

La sociedad en la que vives será feliz, y te hará feliz a ti mismo, cuando sus leyes, extraídas de la naturaleza, dictadas por la razón, guiadas por el interés general y conformes a la justicia, garanticen a todos los beneficios que pueden gozar en común y permitan a cada uno gozar de los frutos de su trabajo, su oficio y sus talentos propios. Los pueblos serán auténticamente afortunados cuando quienes los gobiernan, obligados ellos mismos a ser justos, cesen de distinguir entre sus intereses y los de la patria y confundan su felicidad con la de sus súbditos. Los gobiernos serán igualmente buenos cuando los amos del mundo den a los pueblos el ejemplo de virtudes reales, que son los apoyos mutuos entre los pueblos y sus jefes. Las costumbres serán honradas y la moral no hablará ya a sordos cuando la virtud sea estimulada, respetada y recompensada, y cuando el vicio sea constantemente despreciado, odiado y castigado. Los crímenes desaparecerán cuando las ideas engañosas de honor, gloria y grandeza cesen de encender en los corazones esas pasiones que los dividen, esos intereses que los convierten en enemigos, esos vicios que los degradan y hacen de ellos cómplices de la opresión. Finalmente, las sociedades humanas gozarán de toda la felicidad a la que les está permitido aspirar cuando la justicia sea la única regla de las leyes, y cuando estas leyes gobiernen a los soberanos tanto como a los súbditos. Cuando les quiten a los príncipes el poder fatal de sacrificar los intereses de la mayoría a sus fantasías particulares o a los intereses de sus cortes. Cuando estas leyes les priven del funesto privilegio de trastornar a voluntad el universo, extender la desolación, la indigencia y el luto por sus Estados despoblados y pervertir los corazones de sus esclavos
desunidos.

Que la educación y la opinión pública inspiren estima por las virtudes reales, desprecio por la inutilidad y horror al mal. Que la legislación venga en apoyo de estas lecciones saludables y no las contradiga. Que el gobierno premie a los buenos y castigue a los malos e induzca así a los hombres a hacer el bien y a abstenerse de lo que les perturbaría en su tendencia común.

Que la religión orgullosa no se interfiera más en la marcha de una política ilustrada por la sabiduría y guiada por la moral. Que su antorcha lúgubre, que desde hace tantos siglos sólo ha servido para extraviar a las naciones y atizar sus furores, se apague al menos para quienes gobiernan. Que los príncipes, los ministros y los magistrados cesen de dirigir su atención hacia quimeras religiosas, siempre dañinas para la tranquilidad de los pueblos. Que los ministros de los dioses reciban la ley de los ministros de la razón. Si la superstición ha podido llegar a ser una enfermedad inveterada del género humano ha sido sólo porque legisladores bribones, negligentes y cortos de vista la han considerado necesaria para sus injustos proyectos y han sido capaces de dar carácter sagrado a sus usurpaciones. Según esos falsos principios, en todos los países se autoriza a mercenarios, guías ciegos o tramposos, a sembrar en los corazones jóvenes los gérmenes del fanatismo religioso. Estos preceptores, en lugar de formar ciudadanos humanos, magnánimos y virtuosos, forman sólo inútiles exaltados, supersticiosos maleducados, ignorantes obstinados, ciegos fervorosos y criminales audaces que se permiten llevar a cabo fechorías con la le jana esperanza de expiarlas algún día.

Los hombres han sido durante demasiado tiempo víctimas y juguetes de la moral incierta que enseña la religión. Esta religión nos describe normalmente la virtud bajo los rasgos de una Gorgona apropiados para hacérnosla odiar. Su moral sobrenatural no es en absoluto conforme con la naturaleza: la combate, quiere aniquilarla y la obliga a desaparecer a la temible voz de sus dioses. Estos dioses han ordenado mil veces fechorías y han convertido el crimen en hazaña. La religión ha querido que se sacrifique incesantemente los verdaderos intereses de los Estados a los presuntos intereses del cielo, a los caprichos de los inmortales y a las pasiones de sus ministros. Los seres
humanos necesitan, finalmente, una moral simple y natural fundada sobre sus necesidades; necesitan una política apoyada sobre intereses sensibles. Corresponde a la experiencia, a la razón y a la verdad esclarecer y guiar a quienes regulan la suerte de los imperios. Siguiendo sus lecciones, los soberanos se avergonzarán de las locas pretensiones y de los títulos frívolos que les forjan curas y cortesanos aduladores que los transforman en divinidades. Reconocerán que son hombres, se interesarán por servir y no destruir a la sociedad cuyo consentimiento los ha convertido en sus jefes. Obedecerán las leyes, las respetarán como expresiones de la voluntad general a la que todos deben someterse, según ordena la razón, y sentirán que su poder, su grandeza y su bienestar dependen necesariamente de la felicidad de sus conciudadanos. Siguiendo estas máximas, harán que los pueblos disfruten de la libertad, la seguridad y la propiedad que tienen derecho a exigir y sin las cuales el jefe es un usurpador y el Estado sólo una vasta prisión para todos los que encierra.

Si la justicia guiara a los príncipes, guiaría también pronto a los pueblos estimulados por recompensas o disuadidos por castigos. Ilustrados por una instrucción sólida y por una educación razonable, estos pueblos rebosarían de ciudadanos apegados a su patria, servidores solícitos de ella, dispuestos a emprender cualquier cosa por conservar los beneficios que les procuraría. En las familias habría padres activos y laboriosos preocupados por la felicidad de su descendencia, madres razonables y tiernas, niños dóciles, gradecidos y sumisos que, al envejecer sus padres, saldarían escrupulosamente la deuda contraída con ellos durante su infancia. Habría esposos unidos y fieles, amigos sinceros y seguros, súbditos diligentes y valientes. En suma, un soberano cuidadoso del cumplimiento de sus deberes llegaría a ser un Dios para sus súbditos, un Dios indudablemente más real y más fuerte que todos los dioses del Olimpo. Creador de su pueblo, este Dios visible sacaría en poco tiempo del caos de unos pueblos tan corruptos como los que vemos hoy a una nueva raza de hombres que, sin necesidad de temores, prestigios ni quimeras, a la vista de los intereses más reales, se sentirían impulsados y obligados a ser buenos, y a trabajar por el mantenimiento de una sociedad que les protegería, les brindaría seguridad y les recompensaría fielmente.

Desengáñate, pues, ciudadano, del ridículo prejuicio que te convence de que la política y la moral no pueden prescindir de la ayuda de la religión. ¡Ay! ¿No ves acaso que esta religión cuya utilidad se ensalza no es sino un freno ideal, demasiado débil para contener las fogosas pasiones de soberanos y súbditos? ¿Qué pueden sus amenazas y promesas dudosas sobre espíritus cegados por falsas opiniones, arrastrados por la costumbre y sumergidos en la ignorancia de lo que constituye el bienestar del hombre? Esta religión, ¿no corrompe con sus lisonjas a los reyes? ¿No los convierte en tiranos que corrompen a sus esclavos? El fervor que enciende, ¿no ha transformado a los hombres
en bestias feroces, encarnizadas en su mutua destrucción? En una palabra, si reflexionas, sentirás que los dioses despóticos y crueles envilecen a todos aquellos que ponen celo en servirlos, y que los soberanos que toman a esos dioses tiranos como modelos sólo pueden tener súbditos cobardes, sin buenas costumbres, sin honor y sin virtudes. La política ilustrada y la sana moral, fundadas sobre motivos naturales y palpables, no necesitan para subsistir ni motivos sobre naturales ni ficciones de otra vida, y tampoco el brazo de dioses invencibles, demasiado débiles para contener las pasiones de los hombres.

Reniega, sobre todo, del prejuicio fatal que te hace creer que tu felicidad y la felicidad de tu país dependen de tu modo de pensar sobre objetos inaccesibles a los sentidos. Las especulaciones que sólo tienen como base las cabezas de los hombres, modificadas de diversos modos, no pueden ser uniformes ni revestir interés alguno para la felicidad del género humano. Sé sincero contigo mismo, busca la verdad en la rectitud de tu corazón, convéncete de que no puede ser hallada sin la ayuda de la razón y que una ceguera voluntaria nunca te dejará percibirla. Cuando creas haberla encontrado, sigue las opiniones que juzgues más probables, y si tu imaginación, demasiado ardiente, necesita quimeras, permite al menos a los demás prescindir de ellas o figurárselas bajo rasgos diferentes de las tuyas. Exige al hombre con quien la suerte te ha unido que sea justo, bondadoso, pacífico y sincero, pero no le exijas de ningún modo que su cerebro piense, medite y razone como el tuyo. ¡Ay! ¿Acaso no sabes que tu espíritu puede extraviarse? Tolera, por tanto, los extravíos de los demás. Guárdate sobre todo de odiar a tus semejantes por conjeturas que la experiencia jamás podrá comprobar; por ideas sobre las cuales los mortales nunca tendrán un criterio común. Cualquiera que sea tu modo de pensar, acuérdate de que no puede autorizarte a ser injusto o cruel. Si supones que un Dios es el autor de la naturaleza, no creas que ese Dios puede contradecir a la naturaleza. Ésta proclama sin cesar que ames a los hombres, que les hagas el bien y que merezcas su amor, sin el cual no puedes estar contento de ti mismo ni satisfecho de los demás. Piensa lo que quieras de los dioses, pero no olvides jamás que vives con hombres, y que lo que les aflige o daña no puede ser una virtud. No rechaces a tu amigo virtuoso por no tener las mismas ideas que tú sobre hipótesis inciertas; rehúye al malvado porque es temible, pero no te alejes de ningún modo de tu semejante. No lo odies, ni destruyas a tu hermano, hijo de la naturaleza como tú, a causa de opiniones que, igual que sus gustos, dependen de su organismo propio o de circunstancias particulares que no puede controlar.

En tus investigaciones, no tomes nunca por guía sino a la experiencia; sólo ella puede conducirte a la ciencia real y te enseñará la verdad que encubren siempre ante ti y de la que intentan privarte. Sentirás que la experiencia es necesaria para tu conducta, para tu reposo, y que es beneficiosa para el género humano; en una palabra, que es uno de los mayores bienes para ti. Comprobarás que, cuanta más importancia dan a las mentiras que te enseñan, más firmemente tienen la intención de abusar de tus errores. En fin, todo te probará que sólo bribones y tiranos sin escrúpulos pueden prohibir al ser razonable el uso de su razón.

Ármate, pues, ¡hombre!, de una justa desconfianza contra quienes se oponen a los progresos de la razón o te insinúan que el examen puede ser perjudicial, que la mentira es necesaria y que el error puede ser útil. Todo aquel que prohíbe el examen tiene intenciones de engañar, todo aquel que pretende que hay que engañar es o un bribón o un pobre de espíritu que no ha considerado los peligros del error ni la extensa cadena de extravíos producidos por los prejuicios.

Si la mentira es capaz de procurar algunos bienes, son siempre pasajeros y frívolos; sus beneficios fútiles son de corta duración, incluso para los imprudentes que se creen interesados en eternizar la ignorancia y los males sobre la tierra. Sólo la verdad es capaz de procurar a los mortales una felicidad sólida y permanente, y esta felicidad es la misma para el que manda y para el que obedece.

Remóntate, pues, con ayuda de la experiencia hasta las fuentes puras de la verdad, ven a extraerla en la naturaleza. Allí encontrarás una moral sana, eterna, inmutable, tan duradera como la raza humana y no sujeta a las variaciones de sus dioses ni de sus caprichos religiosos. La moral natural es la única hecha para el hijo de la naturaleza, y vuelve al hombre justo, moderado, tolerante, bondadoso, útil y virtuoso. Le permite placeres honrados y le invita a buscar su felicidad. No tiene nada en común con esa moral fanática y sombría que lo oprime con temores, lo envilece, lo desespera y lo descorazona, lo vuelve inútil para sí mismo y peligroso para los demás. La moral natural no tiene nada en común con ese fervor que le hace creer que es un mérito ser cruel, intolerante e inhumano, que es un deber rehuir o perturbar a la sociedad y que justifica a menudo sus arrebatos más horrorosos.

Tras sopesar todas estas cosas, podrás un día desengañarte de los prejuicios de tu infancia. Reconocerás que esos dioses que te han hecho temblar con tanta frecuencia no son nada; que sus revelaciones, sus dogmas y sus cultos son ajenos o contrarios a la naturaleza. Que es a ti mismo a quien perjudicas cuando haces el mal, que ofendes al hombre cuando te entregas al crimen. Que es la Tierra y no el cielo la que padece tus abusos, y que haciendo el bien puedes expiarlos. Verás que la religión, que se jacta de ser el apoyo de la moral, es su rival y su enemiga. Sentirás que, lejos de contribuir a la felicidad del hombre, le engaña respecto a sus deberes, lo alimenta con ensoñaciones, combate sus más legítimas y agradables tendencias, le prescribe volverse miserable y le impide soñar con objetos realmente dignos de apego. Si dudaras de estas tristes verdades, pasea tu mirada por el mundo: observa el estado espantoso en que la superstición ha sumergido a todos los pueblos. ¡Cuántos desgraciados bajo el imperio de un Dios cuya bondad se alaba! Por todas partes verás gemir a los pueblos bajo el gobierno de hierro de algún tirano reverenciado que dice ser la imagen de la divinidad, su representante en la Tierra, el ejecutor de sus sentencias. Reconocerás que este Dios al que te somete la opinión es él mismo un tirano cuyos horribles ministros han convertido los Estados en un valle de lágrimas.

Mira a esos conciudadanos a quienes, desde la cuna, los sacerdo tes enseñan a odiarse por diferencias de opiniones, mira a los intérpretes del cielo dedicados en todas partes a cegar, perturbar, despojar y esclavizar a los habitantes de la Tierra. Mira cómo goza el clero en todos los países de consideración, riquezas y poder en el seno de pueblos a los que engaña y devora. Mira a la impostura altiva, segura de ser secundada por la credulidad de los pueblos, mostrando con un dedo el cielo y amenazando con el otro a los soberanos, sublevando a los súbditos, predicando la masacre y designando a sus víctimas. Mira cómo el poder supremo obedece a su señal, dispuesto siempre a declarar la guerra para vengar al clero y alimentar su furor.

Observa la cantidad inmensa de males que el espíritu religioso causa a los habitantes del mundo, mira a esos desgraciados a los que un monje cruel condena a sangre fría a las llamas a causa de dogmas, visiones, fábulas y ceremonias pueriles. Escucha a ese fanático cuya voz sediciosa empuja a los pueblos a destruirse a causa de sus propias fantasías que toma o hace pasar por inspiraciones llegadas de lo alto. Que tus miradas penetren en esos reductos solitarios, en esas lúgubres cárceles donde vírgenes en llanto ocupan sus tristes días en arrepentirse de sus indiscretos votos. Echa un vistazo a esas moradas de penitencia, cuyas bóvedas resuenan con los gritos, llantos, flagelaciones y suplicios voluntarios de una multitud de fervorosos desgraciados. Mira al universo entero lleno de esclavos inquietos y perseguidos por el temor continuo a un amo caprichoso que, mientras se complace en verlos gemir, exige su amor y quiere que homenajeen su divina bondad.

Recorre los anales del mundo y hallarás que la historia de los dioses está escrita en todas partes con caracteres de sangre; que es la historia de las fechorías, las locuras y las crueldades del género humano. Verás a los judíos guiados por jefes sanguinarios degollar a pueblos enteros en nombre del celoso Jehová. Verás a los fenicios y cartagineses entregar a sus propios hijos como alimento a Moloch. Verás a los egipcios en guerra por sus gatos, cebollas y cocodrilos, a los que ha convertido en sus divinidades. Verás a los romanos, guiados por los oráculos de sus dioses, usurpar el imperio del mundo para hacer de él un cementerio. Verás a los musulmanes llevar en nombre de Alá la desolación y la muerte a Asia, África y Europa. Verás a los mejicanos que considera un santo deber la ofrenda de miles de corazones humanos humeantes a su Dios feroz. Finalmente, verás durante muchos siglos al Dios de los cristianos, del que se alaba la moral bondadosa y pacífica, servir continuamente de pretexto a guerras, revueltas, regicidios, persecuciones y los más oscuros atentados.

A la vista de un espectáculo tan indignante, te verás forzado a admitir que el nombre del Altísimo es una fuente de frenesíes, pesadumbres y penas para los hombres: reconocerás que la religión, lejos de consolar a los mortales, no ha sido imaginada sino para multiplicar sus miserias. En fin, todo te convencerá de que sacudir o destruir sus ídolos, cuyos altares han sido siempre regados con sangre y lágrimas, es prestar un servicio al género humano.

Compadécete, pues, de ti mismo, compadécete de las desgracias de tu especie, cúrate de tus prejuicios, ten el valor de buscar la verdad, que tu corazón se alce contra los errores y las mentiras que asolan la Tierra. Atrévete al menos a asentar la paz dentro de ti, tranquiliza a tu alma sobre las inquietudes quiméricas, busca a la virtud fundamentos más sólidos que los que le proporcionan esos sistemas imaginarios que te han hecho reverenciar bajo el imponente nombre de religión, destierra de tu corazón esas animosidades que te desgarran, esos espectros que te enfurecen, esas opiniones que te degradan, esos hábitos que te embotan y esos prejuicios que te ciegan. Que las lecciones de la naturaleza aflojen y rompan de una vez por todas esas cadenas deshonrosas a las que tus manos no podían estar destinadas para siempre. Bendice la feliz audacia de los apóstoles de la razón, de los verdaderos amigos del género humano, que te hablan con franqueza: lejos de imponerte nada, te exhortarán siempre a someter sus consejos a la experiencia y al rigor del examen. Si se han equivocado, rechaza sus ideas vanas; pero si han razonado bien, adopta sus razonamientos a pesar del prejuicio. El filósofo apasionado sinceramente por la verdad, profundamente impregnado por el amor a sus congéneres, no intenta deslumbrarlos ni sorprenderlos ni tampoco imponerles sus propias opiniones. No adopta el tono imperioso de la teología arrogante que, erizada de misterios, ordena insolentemente creer lo que ni siquiera ella misma concibe y que, armada de sofismas, emplea sólo el arte de razonar para arrojar nubes sobre las ideas más claras. No, a pesar de la rabia impotente de los tiranos del pensamiento, a pesar de sus anatemas, sus proscripciones y sus hogueras, si he dicho la verdad, los amigos de la verdad esparcirán flores sobre mi tumba. Si he mostrado la verdad, mi débil voz, apoyada en su fuerza, a la que nada puede resistirse, no habrá anunciado en vano sus lecciones: ellas quebrarán tarde o temprano el imperio del prejuicio, derribarán el trono de la opinión, confundirán a la impostura y restablecerán a la naturaleza, la ciencia y la virtud en sus plenos derechos.

¡Hombre!, regresa a la naturaleza que has ignorado durante tanto tiempo para unirte a los fantasmas, recupera por fin el valor. Deja de temer a la verdad, no permitas que se continúe calumniando a tu razón, la única que puede enseñarte a distinguir lo verdadero de lo falso, lo útil de lo nocivo, la ilusión de la libertad. Convencido por sus lecciones, desterrados los terrores poco fundados sobre el futuro, piensa en tu felicidad presente, sométete dócilmente a los decretos del destino. Disfruta con moderación de los más legítimos placeres y trabaja para tu propia felicidad trabajando para la de tus semejantes. Goza: esto es lo que la naturaleza te ordena. Consiente en que los demás gocen: esto es lo que prescribe la justicia. Acércalos al goce: este es el consejo que te da la sagrada humanidad, la cual, mucho mejor que todas las religiones de la Tierra, te hará vivir en paz y morir sin angustias.

1 Comentario

  1. LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL DEL HOMBRE Y EL HUMANISMO NATURAL. El perfil moral del humanismo secular tiene una banda muy ancha debido a la ausencia de dogmas pero no de principios que enaltezcan la dignidad humana. Su mayor virtud es la búsqueda intensa y apasionada del bien y la verdad, utilizando la razón y el libre pensamiento. Porque la sabiduría y la bondad son el norte que orienta su vida y sus actos, para encontrar la salida a los laberintos mentales que mantienen perpleja a la humanidad en el oscurantismo medieval religioso, utilizando el pensamiento crítico. El humanismo secular y su etiqueta de ateo, se debe a que los libre pensadores, concientes de la dignidad humana estamos en contra de la manipulación y enajenación que promueve la religión organizada, y seguimos la directiva que expuso Protágoras al señalar que el hombre es la medida de todas las cosas, abrogando el culto a los dioses del Olimpo por ser producto de la fantasía humana. E intentamos construir un mundo mejor cimentado la ciencia, las humanidades y la educación laica de las multitudes. Y para lograrlo, es necesario orientar este movimiento hacia la trascendencia humana y la sociedad perfecta, inculcando a sus seguidores la fe en si mismo y el espíritu crítico, a fin de desarrollar las potencialidades interiores ejercitando el altruismo y el activismo social intensos, imitando a Cristo.

    El movimiento secular cristiano iniciado por los sabios alejandrinos en el primer siglo, tiene su raíz en el misticismo secular helénico practicado antes de Cristo. Comprende solo los valores espirituales que enaltecen la dignidad humana, dejando de lado los relatos de las divinidades y el culto. Es decir no solo reconoce la importancia de la dimensión espiritual humana sino que promueve la divulgación del conocimiento espiritual, a fin de que la humanidad trascienda el subdesarrollo espiritual en el que se encuentra, a causa de los errores de la fe; y por ello, desde un punto de vista aquo, utiliza la razón para disolver los fundamentalismos perniciosos de creyentes y ateos, mediante un juicio justo. En un principio el cristianismo fue un movimiento laico. La Epístola apócrifa de los Hechos de Felipe, expone al cristianismo como continuación de la educación en los valores que persigue alcanzar la paideía griega, promovida por los sabios alejandrinos que fueron los primeros en percatarse del movimiento secular cristiano cuando unos griegos se entrevistaron con Cristo (Jn XII, 20 al 24). Posteriormente enviaron al medico Lucas a dar testimonio escrito de los portentos, vida, ejemplo y enseñanza, a fin de dar fe que es cierta la teoría de la trascendencia humana formulada por Aristóteles al abordar el problema del alma truncada que sostiene que el hombre puede trascender a sus propias limitaciones si practica las virtudes opuestas a sus defectos hasta alcanzar la supra humanidad. A partir de entonces, los pueblos helénicos siguieron a Cristo como el mejor modo de alcanzar la trascendencia humana y la sociedad perfecta que pretende la paideía griega practicando el altruismo, el misticismo y el activismo social, intensos; por ello lucharon por helenizar el cristianismo a fin de estructurar la fe conforme a la razón. Lo cual propició el choque entre culturas ante la oposición radical e intransigente de los príncipes de la sinagoga tendente a evitar que se helenizara el cristianismo para judaizar el cristianismo y mantenerlo sujeto a los intereses judíos. Separando la fe de la razón __cuya unión inseparable, Cristo había revelado metafóricamente al ciego de nacimiento (Jn IX, 39)__ Provocando en los pueblos cristianos la estulticia generalizada y la entronización del oscurantismo, al olvidar las raíces helenistas de nuestra cultura; lo cual ha convertido las Iglesias en sinagogas, los sacerdotes en rabinos y los cristianos en siervos del gobierno mundial judío. Así el movimiento cristiano dejó de ser laico y dejó de perseguir los fines últimos de la paideía; y por ello, no hemos alcanzado la sociedad perfecta ni la trascendencia humana.
    El triunfo del judeo cristianismo sobre el incipiente helenismo cristiano es eminente, debido a que el progreso de las ciencias y las humanidades, amenaza con derrumbar la doctrina medieval de la iglesia; por ello, los emisarios de la Sinagoga, han promovido la lucha intestina entre conservadores y modernistas, para abrogar sutilmente la doctrina milenaria de la Iglesia tratando de adecuar el discurso de la Iglesia a los tiempos modernos, pero sin criticar el profetismo judío. Ante esta situación, 1) los esbirros de la Sinagoga pretenden terminar de judaizar el cristianismo, abrogando de nuestra fe el dogma de la divinidad de Cristo, el dogma de la Santísima Trinidad, el dogma de la Nueva Alianza, convirtiendo a Cristo en un profeta menor de Israel, testigo de Jehová. 2) los helenistas cristianos pretenden actualizar la doctrina de la Iglesia estructurando la fe conforme a la razón: sacralizando la doctrina y la teoría de la trascendencia humana y la sociedad perfecta predicada por Cristo. Abrogando de nuestra fe el Antiguo Testamento por ser una mitología oscurantista y enajenante; lo cual abrogaría la Reforma Protestante, uniría la religión y la ciencia, y uniría las Iglesias en Cristo. Y para lograrlo, solo es necesario criticar el profetismo judío enmarcando científicamente la controversia entre la fe y la razón en el fenómeno espiritual de la transformación humana, utilizando los principios universales de la filosofía y la ciencia de conocimiento espiritual, a fin de deslindar del camino ecuménico y hacer objetiva la desviación del cristianismo hacia la ecumene Abrahán-ica que nos conduce al precipicio de la perdición eterna. 3) el humanismo secular pretende prescindir de la religión organizada, convirtiéndolo en un humanismo secular cristiano, con catedrales en las universidades, institutos, fundaciones altruistas y voluntariados.

    Los libre pensadores defensores de Cristo, la Iglesia y de las raíces greco-romanas de nuestra cultura, apostando por el helenismo cristiano, criticamos el profetismo judío aportando los elementos de juicio que justifican la abrogación del Antiguo Testamento de nuestra fe. La crítica al profetismo judío puede abordarse por diversos procedimientos. El más polémico, es la revisión jurídica de la sentencia dictada por Cristo en su diatriba contra el puritanismo hipócrita de los sacerdotes y escribas de la ley, señalando como reos de pena eterna a los seguidores de la doctrina (ethos supremaciíta) y ejemplo (pathos avasallante, criminal y genocida serial) judíos. Debido a que S. S. Juan Pablo II difiere de esta sentencia culposa opinando que los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe. Los otros procedimientos son los siguientes:

    • Enmarcando la disertación científica en el fenómeno de la trasformación humana abordado por la doctrina y la teoría de la trascendencia humana: conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo, y sus jornadas descritas metafóricamente por los poetas místicos del Islam,; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia: (psicología: logoterápia), congruencia que da certidumbre a nuestros juicios de valor.
    • Enmarcando la disertación filosófica en: “el deslinde del camino ecuménico que tiene como polos la trascendencia humana y la sociedad perfecta. Utilizando los principios universales del saber filosófico y espiritual como tabla raza, a fin de hacer objetivo el desvió del cristianismo hacia la ecumene Abraham-ica demarcada por los convencionalismos de lo que es sagrado para de Israel” (su territorio, su pueblo, sus ancestros, Jerusalén, el templo, y el libro de Israel), conducidos por San Pablo para que los hijos de Israel seguidores de Cristo siguieran siendo Israel, y los gentiles cristianos ayudaran a Israel a llegar a ser la principal de las naciones; y para perpetuar el error separó la fe de la razón: (1ª Corintios I, 17 al 27), e indujo el error fundamental (2ª Timoteo 16, 17) que nos lleva a conclusiones falsas que nos confunden, conflictuan, enajenan y deshumanizan, polarizando la sociedad en explotadores y oprimidos. Convirtiendo en paradoja el cuestionamiento sobre la relación entre la fe y la razón planteado por los helénicos a San Pablo en el Areópago, lo cual ha mantenido perpleja a la humanidad en espera de una respuesta satisfactoria
    • Enmarcando la disertación jurídica en la revisión del diferendo pontificio {opuesto a la sentencia dictada por Cristo [Mateo XXIII, 1 al 35] en su crítica a la utopía judía señalando como reos de castigo eterno a los seguidores de la doctrina (el ethos) y la conducta (el pathos) de Israel -VS- la honorable opinión de Su Excelencia Juan Pablo II señalando a Israel como hermano mayor en la fe} a la luz de los hechos bíblicos e históricos; para demostrar que sigue vigente el ad quem recurrido y el diferendo es una apostasía mayor tendente a judaizar el cristianismo
    • Dejando al descubierto las implicaciones educativas, judiciales, morales y religiosas del latrocinio de tracto continúo en que incurren las iglesias y organizaciones religiosas al encubrir tendenciosamente el error fundamental; así como el interés jurídico y competencia del Estado para conocer y juzgar este relevante asunto, en razón del severo daño moral causado a la sociedad.
    • Convocando el emplazamiento a juicio de las Iglesias y organizaciones religiosas tendenciosas, a efecto de corregir el error fundamental. En primera instancia ante el tribunal de la razón, en segunda instancia ante el tribunal de la ley. Y en tercera instancia en el estrado revolucionario de la justa indignación pública expulsando de las Iglesias a los sacerdotes y pastores fideístas renuentes a corregir el error fundamental; tal como lo hizo Cristo cuando expulsó del templo a los mercaderes.

    CRITERIO DE VERDAD UTILIZADO AL EXPONER LA TEOLOGÍA A LA OBJETIVIDAD CIENTÍFICA, A EFECTO DE DESLINDAR EL CAMINO ECUMÉNICO Y DIRIMIR LA CONTROVERSIA QUE SE DA ENTRE “LA FE -VS- LA RAZÓN”, DIFERENCIANDO EN LOS TEXTOS BÍBLICOS SI O NO SON CUESTIONES ESPIRITUALES:
    El Procedimiento se inicia: adoptando un punto de vista neutral hacia las cuestiones a juzgar, apartando momentáneamente nuestra mente del testimonio de los sentidos, sometiendo los textos sagrados, los hechos bíblicos y sus expectativas: (los dogmas, las concepciones y las convicciones) al escrutinio de la razón, utilizando como herramienta de discernimiento: la duda y la prueba como sistema __`los conceptos, los principios y los planteamientos existenciales de la filosofía clásica y moderna´, y ‘las respuestas de las ciencias a esos planteamientos: los modelos y teorías, los procedimientos y las conclusiones comparables de las ciencias experimentales: (la ciencia jurídica, la ciencia medica, la psicología´__ a efecto de identificar las congruencias, identidades o constantes universales detrás de la diversidad de creencias en sus múltiples aspectos, origen de todas las concepciones intuitivas, filosóficas y religiosas, diferenciando las cuestiones relacionadas con el mundo del espíritu: (el existir), de las que son de este mundo material: (el devenir), a efecto de reducir nuestro universo de ideas mediante el análisis y síntesis de las descripciones neutras de las experiencias espirituales, las explicaciones y las aplicaciones sapienciales del fenómeno de la trasformación humana, a fin de atenuar las barreras que separan a los pueblos por cuestiones de fe:
    • En segundo lugar, habiendo puesto todo en duda, se comparan cada uno de los elementos constitutivos de la triada preteológica utilizando los principios universales del saber filosófico que cimientan los criterios jurídicos de prueba, para diferenciarlos atendiendo a los principios lógicos de: causalidad, certidumbre, coherencia, finalidad, identidad, objetividad, racionalidad, sincronía, y no-contradicción, que relacionan el todo y las partes, las premisas y las conclusiones, los fines y los medios, el ethos y el pathos, las intenciones y las acciones, los actos y sus consecuencias, los principios y los procedimientos, el derecho natural y las normas jurídicas, en sus diferentes aspectos y características. La aplicación metodológica de todos y cada uno de los principios de prueba sirve de elemento de juicio a nuestras conclusiones, vg:
    • Atendiendo al principio de finalidad y la congruencia entre los fines y los medios, el ethos y el pathos: __La finalidad de la doctrina trascendente de Cristo es la de alcanzar la sociedad perfecta inculcando a sus seguidores el perfil de humanidad perfecta, mediante la practica intensa del amor misericordioso-VS- la finalidad de la doctrina supremaciíta de Israel es alcanzar la supremacía de las naciones ensalzando antivalores como si fueran valores dictados por Dios para sin escrúpulo alguno someter a los individuos, los pueblos y las naciones__ visualizando este antagonismo nos damos cuenta que se trata de dos doctrinas diferentes, totalmente opuestas: el espíritu, el humanismo, la trascendencia humana y la sociedad perfecta -VS- la materia, el supremacismo, el imperialismo y el sometimiento perfecto.
    • La trascendencia humana tiene como finalidad trascender el dolor y el sufrimiento, trascender las limitaciones de los sentidos, trascender los contenidos y los procesos normales de la mente, trascender los estadíos alterados de conciencia hasta alcanzar a la paz, trascender la conciencia hasta alcanzar la supra-conciencia, mediante la disciplina mística y la terapia -VS- El supremacismo imperial judío tiene como finalidad sometimiento de individuos, pueblos y naciones sin importar los medios que se utilicen: el chantaje, el engaño, la difamación, el despojo, el acaparamiento y encarecimiento de bienes y servicios, la mentira, la tortura física y mental, la violencia, el crimen o el genocidio. Ideología que es seguida por los imperios, los gobernantes y los potentados para perpetuarse en el poder, y preservar sus inmensos privilegios sometiendo por hambre, miedo o terror, a sus semejantes.
    • En tercer lugar atendiendo a las causales que originan las religiones y su relación con las inferencias erróneas de la fe que no llevan a igualar los contenidos y las formas de dos universos distintos, teniendo en cuenta que las religiones tienen su origen en la tríada pre-teológica integrada por la fenomenología o descripción neutra de la experiencia __la explicación de la experiencia y la aplicación terapéutica del fenómeno espiritual__ se procede a identificar a que elemento de la tríada preteológica se refieren los relatos teológicos, para estar en posición de dictaminar: si o no, las premisas que sirvieron de base para llegar a las conclusiones teológicas, concuerdan con las cualidades de los elementos la triada preteológica expuestos en los textos bíblicos, así:
    I) La descripción neutra de la fenomenología de la experiencia mística o primera premisa preteológica, nos permite analizar sus características fenomenológicas reveladoras de los contenidos profundos de la mente, la conciencia individual, la conciencia colectiva y la metaconciencia; y son: atemporales, vivénciales, contestatarias de nuestras problemáticas intensas y cuestionamientos existenciales, holográficas, inducibles, inesperadas, integralmente relacionadas (entorno, cuerpo, mente y espíritu), instructivas, interactivas, introspectivas, meta concientes, meta dimensionales, meta-sensoriales, poder plasmante, poder de trasformación. Su análisis nos permite diferenciar -las cuestiones espirituales, de las cuestiones sagradas-, -los principios universales del conocimiento filosófico y espiritual, de los convencionalismos sagrados de Israel-,-los fenómenos espirituales, de los fenómenos naturales-; y así poder inferir o darse cuenta:
    1): `si o no´ la descripción neutra de las experiencias extáticas, es una respuesta interior de nuestro espíritu o sentido de unión que sigue las directrices del bien y el discernimiento en alguna de sus facetas, como son la bondad, la belleza, la sabiduría, y la justicia, y concuerda con las características de lo real que las lleva a ser verdades universales, genéricas, unitarias y trascendentes;
    2) `si o no´ se trata de una respuesta interior de nuestro ego, personalidad o sentido de separación, cuyas directrices son el deseo y la aversión en cualesquiera de sus facetas, como son la avaricia, la beligerancia, los celos, la codicia el desprecio, el desenfreno, la envidia, la intolerancia, la gula, la lujuria, la pereza, la venganza, etc.; y solo tiene significado para un fin y comunidad particular.
    3) `si o no´ se trata de la descripción neutra del fenómeno espiritual del encuentro cercano con Dios o lo divino [mundo espiritual], como el de la experiencia de la comunión que hay entre todos los seres y todas las cosas existentes en el universo, que es una constante universal en las vivencias extáticas de los místicos de otras religiones. O se trata de una de las manifestaciones o sintomatología del surgimiento inesperado del fenómeno espiritual de la transformación humana o kundalini (movimiento de fuerzas interiores) que anuncia __la muerte mística que se inicia con: la angustia existencial, el conflicto interior, el desaliento, el delirio, la enajenación, el estrés, el miedo inexplicable, la paranoia, las visiones aterradoras e inexplicables, el sufrimiento sin causa aparente__ hasta llegar al renacimiento fenómeno al que se refirió Cristo en la entrevista con Nicodemo, cuyas manifestaciones son: la resignación, la paz interna o quietud de la mente, experiencias de la vida antes de la vida o reencarnaciones anteriores, la iluminación, la sanación espiritual de traumas profundos, la transformación humana y la trascendencia, etc., a efecto de explicarlos y aplicarlos en beneficio del hombre.
    4) `si o no´ se trata de una narración tradicional a efecto de honrar a sus patriarcas y profetas, sus hechos, legados y directivas; santificando: el pacto del Sinaí como plataforma constitucional de Israel como nación, el territorio, el pueblo, la ciudad de Jerusalén, el Templo y el Libro de Israel; en fin todo lo que es sagrado para Israel aunque nada tengan que ver con el espíritu o las cuestiones espirituales.
    II) Las explicaciones de la fenomenología o segunda premisa preteológica nos permite indagar o darnos cuenta:
    1) `si o no´ se trata de una explicación errónea o mágica de fenómenos naturales; tales como: la visualización del flujo electro magnético que fluye de la tierra hacia la atmósfera, interpretado por Moisés como el primer encuentro cercano con Dios, cuando erigió un altar en el Monte Sinaí, y transcurrido un tiempo, al nublarse el cielo, una lengua de fuego transitó por entre los despojos de su ofrenda __la segunda explicación errónea del encuentro cercano con Dios fue la interpretación de Moisés a la experiencia de la zarza ardiente o fuego fatuo que se da por la luminiscencia de los gases producto de la descomposición de la materia orgánica__ y la tercera explicación errónea del encuentro cercano fue la interpretación mágica al fenómeno meteorológico de la tormenta eléctrica que se dio en el encuentro del Monte Sinaí, ocurrida después de que las tribus de Israel salieron huyendo de Egipto, donde el tronido del rayo se interpretó como la voz de Dios, y la fuerza e incandescencia del rayo como esencia de Dios, a fin de atribuir designio divino la constitución de las doce tribus de Israel en un solo pueblo.
    2) `si o no´ la conducta de los patriarcas de Israel, corresponde a la conducta que siguen los místicos en alguna de sus jornadas como el ayuno, el altruismo intenso, la renuncia a los bienes materiales y cosas de este mundo, la subyugación del cuerpo y los sentidos, la meditación; o se dedicaron actividades de la vida cotidiana, las actividades productivas como el pastoreo, el cuidado de la familia, etc, al mismo tiempo que fabricaban el opio del supremacismo judío mezclado con el odio y la guerra santa contra todos los pueblos gentiles y sus instituciones.
    3) `si o no´ el cuestionamiento o problemática que indujo la respuesta de nuestra estructura interna, es una `cuestión existencial como el juicio final, la vida antes y después de esta vida, la común unión de todos los seres y las cosas, el renacimiento, el sufrimiento, la enajenación, la degradación humana´, etc. __una `cuestión intelectual vg. como la ley de la relatividad´ __o una `cuestión de este mundo como el anhelo una innumerable descendencia, el anhelo de riqueza y poder posesionándose de la península del Sinaí, el anhelo de la supremacía de Israel entre las naciones, manipulando el nombre de Dios para gobernar y unir las doce tribus de Israel en un solo pueblo, atribuyéndole a Dios la autoría de las leyes de la guerra para someter y despojar las naciones gentiles´
    III) Las aplicaciones de la fenomenología y de sus explicaciones, o tercera premisa preteológica, nos permiten indagar o caer en cuenta:
    1. `si o no´ la aplicación o enseñanza sapiencial que se derivó del fenómeno espiritual: es instructiva, ilustrativa y edificante, y cual es su significado para la vida eterna, como la práctica de las virtudes opuestas a nuestras imperfecciones que prescribiera Aristóteles para solucionar el problema del alma truncada, que concuerda con la directiva que indicó Cristo a sus seguidores: `sed perfectos, como mi Padre es perfecto´, directriz que nos orienta hacia el estadío de la trascendencia humana, lo cual explica la trasformación que sufrieron los apóstoles que de rudos pescadores se convirtieron en médicos de almas siguiendo el ejemplo y doctrina de Cristo, y la trascendencia humana de Cristo patente en su bondad y sabiduría plena, y el ejercicio de los poderes del espíritu que emergen después de la disolución del ego y el renacimiento mediante la vida continua en el bien y la verdad__o por lo contrario se trata de enaltecer anti valores santificándolos atribuyéndolos a ordenes de Dios, como: la ley del talión, el Canto de Lamec, o las leyes de la guerra dictadas por Moisés.
    2. Lo cual nos obliga a satisfacer el principio de objetividad siguiendo la máxima de Cristo `Por sus frutos conoceréis al árbol´ atendiendo a las cualidades características espirituales de Cristo, señaladas por San Juan a los Partos en su 1ª Epístola capitulo IV __discriminando `si o no´ el perfil de humanidad perfecta reflejo en la vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo, fue el perfil que inculcó a sus apóstoles y seguidores a fin de alcanzar la felicidad o buena aventuranza de la vida y la felicidad eterna__ es el mismo que el perfil egoísta de los patriarcas y profetas de Israel que inculcan a sus seguidores la falta de escrúpulos a fin de conseguir sus metas supremaciítas.
    3. Y nos obliga a satisfacer el principio de certidumbre averiguando la vigencia del ethos judío a lo largo de la historia de Israel entre las naciones, objetivo en las leyes y directrices de la Torah a la luz de las reinterpretaciones cotidianas de sus seguidores: (Talmud de Babilonia, el Mishná, la Halaja); y averiguando la vigencia del pathos judío a la luz de la aplicación práctica del ethos a lo largo del la historia de occidente promoviendo herejías y complots contra la Iglesia, a fin de abrogar la fe en Cristo y su doctrina; y promoviendo complots y revoluciones en los Estados cristianos a fin de someterlos, implementado programas y directivas para hacer realidad la supremacía de Israel sobre todas las naciones; lo cual nos ayuda a confirmar la procedencia de la sentencia condenatoria que dictara Cristo en su magistral diatriba contra la hipocresía y puritanismo de los fariseos y sacerdotes de Israel, señalando como reos merecedores de pena eterna a los seguidores de la doctrina de Israel: (el supremacismo) y su conducta (criminal y genocida). Para contrastarlos con el ethos y pathos que Cristo quiso inculcar a sus seguidores imitando Su vida, ejemplo y doctrina, patente en algunos pocos de sus seguidores: (los apóstoles, los mártires y santos cristianos (san Francisco de Asís, Teresa de Calcuta, etc,), que dieron origen a las instituciones altruistas (la cruz roja, los hospitales, orfanatos, asilos, la educación y la beneficencia pública); porque lo que abunda son los anti testimonios, debido a la dualidad de nuestro modo de ser; ya que seguimos el ethos y pathos judío sin darnos cuenta que no seguimos a Cristo sino a Israel. La bondad de la doctrina de Cristo se confirma señalando su congruencia con el bien y la verdad en todas sus facetas que son las directrices eternas del espíritu, y la universalidad de su mensaje se confirma señalando su congruencia planteamientos existenciales de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia: (logo terapia” formulada por Víctor Frankl y muchas prácticas psico terapéuticas), que sustancian la teoría de la trascendencia humana.
    4. La congruencia entre la doctrina y la teoría de la trascendencia humana, nos da la confianza que la instrucción de la doctrina de la trascendencia humana expuesta por Buda en la Enseñanza de la Cuatro Nobles Verdades, es una misma cosa con la ilustración de la doctrina de la trascendencia humana expuesta en el ejemplo y enseñanzas de Cristo. Esta identidad y congruencia de los principios, medios y fines de la doctrina, la teoría y la práctica, nos da la evidencia del universalismo y bondad de la doctrina de la trascendencia humana ilustrada por Cristo -VS- la malignidad del egoísmo supremaciíta expuesto en los convencionalismos sagrados de Israel; lo cual nos da los elementos de juicio necesarios para revisar el diferendo pontificio que se dio cuando Su Excelencia Juan Pablo II, opinó que los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe, revocando la sentencia de Cristo que señala a los seguidores del ethos y el pathos judío como reos merecedores de pena eterna, y revocando la doctrina milenaria de la iglesia que se dieron en los Concilios en defensa del cristianismo ante los continuos ataques judíos.
    5. Y después de haber indagado el fondo del asunto utilizando los principios integrantes de un criterio de verdad que nos sirven para discriminar y diferenciar las cuestiones existenciales relacionadas con la fenomenología espiritual, de las meras conjeturas y e interpretaciones tendenciosas que nada tienen que ver con el mundo del espíritu. Contamos con los elementos de juicio necesarios y suficientes para llegar a una conclusión dictaminando si la vida, ejemplo y doctrina es semejante o opuesta a la vida, ejemplo y doctrina de los patriarcas, sacerdotes, reyes y jueces de Israel; lo cual nos permite ordenar, resumir, separar y visualizar objetiva y claramente dos conjuntos o dominios antagónicos, respecto a los principios, los medios y los fines que persigue la ilustración de la doctrina de la trascendencia humana expuesta por Cristo mediante su vida, ejemplo y enseñanzas __VS__ las directrices, los medios y los fines que persigue la ideología supremaciíta de Israel contenida en los hechos criminales y genocidas de los ancestros de Israel y sus semillas, a tribuidas a designio divino sin que sean cuestiones espirituales.

    Hallazgo de la razón: Agotado el procedimiento propuesto al haber diferenciado las congruencias e incongruencias que se dan entre: la fe y la razón, caemos en cuenta del error fundamental del cristianismo inducido por San Pablo: [2a Timoteo III, 16,17], para judaizar el cristianismo uniendo como si fueran una misma cosa, las enseñanzas de Cristo, con los hechos ancestrales de Israel, siendo cuestiones distintas y contrarias; con la intención de que los hijos de Israel seguidores de Cristo, siguieran siendo Israel, y los gentiles cristianos ayudaran Israel sin darse cuenta, a ser el primero entre todas las naciones; lo cual violenta los principios espirituales y filosóficos de la prueba, haciéndonos llegar a conclusiones y expectativas falsas que al no concordar con la realidad nos confunden, enajenan, pervierten y deshumanizan. Y para perpetuar el error fundamental, San Pablo descalificó la razón, castrando mentalmente a los creyentes, diciendo:

    `Mirad que nadie os esclavice mediante una filosofía fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo´; por que está escrito: `Desecharé la sabiduría de los sabios y la prudencia de los prudentes: ¿Dónde esta el sabio?,¿Dónde esta el docto?, ¿Dónde esta el sofista?¿Dónde están los espíritus curiosos de las ciencias de este mundo?, acaso no entonteció Dios la sabiduría del mundo, porque ya que el mundo teniendo a la vista las obras de la sabiduría divina, no conoció a Dios por medio de la ciencia humana, sino por medio de Cristo´ [1ª Corintios I, 19,,21] __`considerad hermanos quienes son los que han sido llamados a la fe de entre de vosotros, y veréis que no son los sabios según la carne, ni los poderosos, los nobles; sino que Dios ha escogido a los necios según el mundo, para confundir a los sabios, y ha escogido a los débiles para confundir a los fuertes y poderosos´ [1ª Corintios I, 26, 27]__ y `nadie se engañe a si mismo, si alguno de vosotros se tiene por sabio según el mundo, hágase necio a los ojos mundanos, a fin de ser sabio a los ojos de Dios; porque la sabiduría de esta mundo es necedad delante de Dios, pues está escrito: Yo prenderé a los sabios en su propia astucia´, y en otra parte `El Señor penetra las ideas de los sabios y conoce la vanidad de ellas´ [1ª Corintos III, 18,,20]. (Contradiciendo la enseñanza sobre el uso de la razón revelada por Cristo al ciego de nacimiento, a fin de hacer un juicio justo para disolver las falsas certezas de la fe que nos hacen ciegos a la verdad, pues solo la verdad nos hará libres de las ataduras mentales). Dando origen al dogma de la inerrancia que lleva a los fideístas a descalificar la razón para criticar la Teología, ya que por ser palabra de Dios, es la verdad absoluta; lo cual, nos ha llevado a generalizar y creer erróneamente que __tanto el Antiguo Testamento, como el Nuevo Testamento, son un mismo legado de conocimiento espiritual que revelan las verdades eternas o Ley de Dios __y por ello, no es necesario esforzarnos en practicar la disciplina mística requerida para alcanzar la experiencia de nuestro espíritu y conocer las verdades eternas__ ni tampoco es necesario el quehacer filosófico para llegar a ellas, pues ya los reveló Dios en la Biblia. Y esta separación entre la fe y la razón, es fatal para los creyentes, pues introdujo la dualidad moral y el error en la base de la estructura de nuestro pensamiento existencial y religioso; y esto es lo que ha provocado la atmósfera de deshumanización y pérdida de valores en la que vivimos inmersos.

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