“Basha bazi”: niños danzantes de una sociedad enfermiza
Por Ma. Luisa Loredo en infomedio.org
Los Basha bazi (o “bacha bereesh”) suelen ser niños cuyos padres, humildes, venden a “señores de la guerra” y otros señores adinerados por el tiempo que dura su adolescencia. También pueden ser niños capturados; o huérfanos de padre que se venden por sentido de la responsabilidad, para aportar algún sustento a sus familias.
A partir de los 11 años, aprenden -no a leer o hacer experimentos científicos- sino a cantar y bailar con atuendos y maquillaje de mujer, sabiendo que ahí no acaban sus servicios. Bailan para sus amos en las bodas (el baile es reservado a los hombres) y otros encuentros festivos. Significan para el amo prestigio social, poder, influencia.
“Tenemos nuestra cultura” dicen algunos propietarios. “En otros países las mujeres bailan. Aquí tenemos nuestros propios bailes que no existen en otros lugares del mundo.” Pero esta invocación del relativismo cultural oculta en realidad uno de los mayores crímenes contra los derechos humanos, más allá incluso de los que se cometen contra los “niños-soldados” arrastrados a las guerras étnicas locales de los adultos. Aquí simplemente se trata del placer visual y sexual de los adultos.
El reportaje de Najibullah Quraish “Los niños danzantes de Afganistán” (PBS Frontline, abril 2010) desmiente el romanticismo que algunos alegan en defensa de la práctica del Basha bazi: por mucho que puedan ser objeto de pasión, los niños son apaleados si no satisfacen a sus amos y a los amigos de esos y asesinados si intentan escapar. A los 18 años, excesivamente mayores para ser “niños danzantes”; excesivamente abusados sexual y psicológicamente para empezar una nueva vida, para ser mayores. En el mejor de los casos se proponen tener a su vez “niños danzantes.”
¿Qué piensan, qué dicen las madres, las hermanas de los Basha bazi? En realidad no dicen mucho. Las mujeres, la mitad de la población, son las sacrificadas de la “Pax occidental” en Afganistán. En marzo 2009, por ejemplo, el Presidente Karzai legalizó el derecho de familia chií (una comunidad que representa entre el 10 y 15 por ciento de la población) pero ese derecho es contrario a la Constitución afgana de 2004. Además de permitir la violación dentro del matrimonio, las familias múltiples y los matrimonios de niñas, significa la aplicación estricta del purdah, o sea la separación (uso del burqa y de cortinas) entre hombres y mujeres.
En un estudio brillante y aterrador encargado por el Departamento de Defensa norteamericano a raíz del reportaje de Quraish, la socióloga Anna Maria Cardinalli explica el tortuoso vínculo entre, por un lado, la práctica creciente del Bashi bazi y, por otro, la reducción de las mujeres, seres considerados impuros, a una sola función reproductora y su exclusión de las esferas económica, social y cultural. Vínculo que con otras palabras, translucidas, explica un joven aficionado al Bashi bazi: “¿Cómo te puedes enamorar (de una mujer) si no puedes ver su cara? Podemos ver a los chicos, podemos ver si son guapos.” Cuando la “cara de una mujer es una fuente de corrupción”, en fin de cuentas se cae en un círculo vicioso que reafirma un antiguo refrán local: “las mujeres están para dar hijos, los chicos (boys) para dar placer.”
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Publicado en elmundo.com por Arcadi Espada
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