Ciencia conforme a la Sharia

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El otro movimiento verde. La Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Autor: Austin Dacey Publicado en: www.csicop.org

Traducción: Antonio Arturo

Los resultados oficiales de las reñidas elecciones presidenciales iraníes de Junio de 2009 no son los únicos números raros en salir de Teherán últimamente. Este otoño, el editor de la revista peer-reviewed Engineering and Computers retiró un artículo, uno de cuyos autores era el ministro de ciencia de Irán, Kamran Daneshjou, después de que Nature revelara que se trataba de un plagio. El artículo, “Análisis del ángulo crítico de rebote por medio de dos métodos de discretización”, contenía partes significativas de texto, tablas y figuras copiadas de un artículo de investigadores surcoreanos en Journal of Physics de 2002.(1)

Los críticos han cuestionado también la legitimidad de las credenciales académicas de Daneshjou, profesor de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Irán (su currículo en Internet afirma que hizo sus estudios de doctorado en el Imperial College de Londres).(2) Casualmente, Daneshjou estaba a cargo de la oficina electoral del Ministerio del Interior en Junio, y su nuevo cargo fue gentileza del hombre que se atribuyó la victoria, Mahmoud Ahmadinejad. Puede tener sentido.

Quizá sea la conducta que deba esperarse de un miembro del régimen teocrático de Irán, que ha perfeccionado la tradición de la taqiyya, o disimulo religioso. Más escandaloso es que Irán está entre las naciones científicamente más productivas del mundo islámico, entendiendo como tal los cincuenta y siete miembros de la intergubernamental OIC (Organización de la Conferencia Islámica)

Una revolución aplazada

He aquí unas cifras asombrosas de Pervez Hoodbhoy, titular del departamento de física de la Universidad de Quaid-i-Azam en Islamabad, Pakistán:

Un estudio realizado por académicos de la Universidad Islámica Internacional de Malasia mostró que los países de la OIC tienen 8,5 científicos, ingenieros o técnicos por cada 1.000 habitantes, por una media mundial de 40,7… Cuarenta y seis países musulmanes aportaron el 1,17% de la literatura científica mundial, mientras que el 1,66% procedía solamente de la India y el 1,48% de España. Veinte países arabes aportaron el 0,55%, en comparación con el 0,89% de Israel. La U.S. National Science Foundation registra que de los 28 países que menos artículos científicos produjeron en 2003, la mitad pertenecen a la OIC.(3)

Otra encuesta mostró que de las aproximadamente 1.800 universidades de los países de la OIC,

Sólo 312 publican artículos en revistas. El ranking de las 50 más publicadas arroja los siguientes números: 26 están en Turquía, 9 en Irán, 3 en Malasia y otras 3 en Egipto, 2 en Pakistán y 1 en Uganda, EAU, Arabia Saudí, Líbano, Kuwait, Jordania y Azerbayan. Para las 20 universidades mejores, la producción anual media de artículos en revistas fue de alrededor de 1.500, un número pequeño pero razonable. Sin embargo, la media de citas por artículo fue inferior a 1,0 (la encuesta no dice si se excluyeron las auto-citas).

Incluso Turquía, el país más científicamente productivo de los estados de la OIC, sólo produjo 88.000 (sic) artículos de investigación entre 1996 y 2005, menos que la producción típica de una sola universidad de la Ivy League en el mismo período.(4)

Los años recientes han visto aumentos importantes en la financiación de la investigación científica por parte de gobiernos como los de Turquía, Pakistán o Qatar, pero de momento nada parece hacer mella en una realidad fundamental: la ciencia agoniza en el mundo musulmán.

Abstenerse de la ciencia

En 1979 la OIC creó un nuevo organismo para promover la ciencia: la Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura (ISESCO en sus siglas en inglés). La ISESCO, que tiene su sede en un ostentoso complejo en Rabat, Marruecos, y mantiene oficinas regionales en París, Teherán, Chad, Unión de Comores y el Emirato de Sharjah, debiera, según sus estatutos, “apoyar los esfuerzos de los Estados miembros en el desarrollo de programas educativos y formación técnica y práctica; y estimular a los investigadores e inventores de los Estados miembros”. El año pasado, la ISESCO declaró que colaboraría con organismos de la ONU como UNESCO y UNICEF para emprender cerca de doscientos proyectos con un coste de alrededor de 6 millones de dólares.

Pero, según Hoodbhoy, esta y otras iniciativas gemelas (como la Comisión Permanente para la Cooperación Científica y Tecnológica) de momento sólo han tenido como resultado poco más que “conferencias esporádicas sobre materias dispares, un puñado de subvenciones para investigación y viajes, y pequeñas sumas para reparaciones y repuestos”.

En 2006, ISESCO publicó una Guía para la Adopción de Salud Reproductiva y Conceptos de Género en el Currículo Educativo Islámico, evidentemente una materia de importancia crítica ajustada a los hechos científicos. La Guía, que se puede encontrar en la web de la ISESCO, está dirigida a diseñadores de currículos, a autores de libros de texto y a responsables de la formación de instructores en educación islámica formal a los estudiantes de entre seis y diecinueve años. Su introducción acentúa la necesidad de “proporcionar a los adolescentes, en el momento oportuno, la adecuada información sanitaria en los aspectos biológicos en el marco de las normas y valores islámicos” y destaca “el hecho de que la Sharia, tanto en sus fuentes originales como interpretativas, es la única fuente para la creación, interpretación, aclaración, e incorporación de asuntos de salud reproductiva, incluida la salud de los adolescentes, en los programas de educación formal”.(5)

Lo que sigue no contiene un ápice de ciencia sino más bien una lista de reglas y consejos para impartir las normas de la sharia en materia de salud, higiene y ética sexual. Los autores de la ISESCO mencionan el fundamento islámico de la defensa de la “igualdad en la dignidad humana”, el “buen trato con la mujer y la amabilidad hacia ella”, y se oponen a la circuncisión femenina e “indiscriminación entre los sexos” (sic). Advierten asimismo a los maestros que el Islam prohíbe, entre otras cosas, la fornicación, la homosexualidad, las relaciones sexuales durante la menstruación, y la khulwa (estar a solas un hombre y una mujer no emparentados). Al mismo tiempo, establecen que la ley islámica justifica la poligamia y, sobre todo, la abstinencia.

El estudiante debe cumplir con la elevada moral e ideales islámicos, que demandan modestia, bajar la mirada, evitar relacionarse y estar a solas con personas con quien se pudiera intimar, abstinencia, resistirse a actos vergonzosos, evitar cualquier acto provocativo o elemento de vestimenta que puede alentar el acoso sexual y caer en la prostitución …[y] observar la abstinencia antes del matrimonio.

¡Y esto de una publicación que fue “compilada en colaboración con el Fondo de Población de las Naciones Unidas”! (6)

En esta guía, como en muchos otros documentos, la ISESCO sólo está haciendo su trabajo. En lugar de buscar la integración de los musulmanes con la investigación mundial y las comunidades académicas, su misión declarada es hacer progresar la ciencia “en el marco de referencia de la civilización del mundo islámico y a la luz de los valores humanos e ideales islámicos.” En este caso, la ISESCO ni siquiera hace a los estudiantes el servicio de exponer la evidencia empírica relevante con el propósito de rebatirla con preceptos religiosos.

En otras partes, ISESCO prescinde por completo de pretextos pedagógicos y se suma a la familiar propaganda islamista contra los judíos. En Protección de los Santos Lugares cristianos e islámicos de Palestina, las actas de una conferencia celebrada en Ammán en noviembre de 2004, Adnane Ibrahim Hassan Al Subah escribe, “Los judíos son los enemigos de Dios, los enemigos de la fe y la adoración de Alá”, (7) lo que no es precisamente un modelo de hipótesis verificable experimentalmente. Para colmo, se distribuyeron ejemplares de esta publicación en un evento patrocinado por la OIC, el “Foro Inter-institucional sobre valores universales compartidos: Retos y Nuevos Paradigmas”, al que asistieron varios dignatarios de la ONU y que fue celebrado en las dependencias del Consejo para los Derechos Humanos de la ONU en Diciembre de 2008 con ocasión del sesenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El molesto David Littman envió una carta abierta de protesta el mes siguiente; aún no ha recibido respuesta de la Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Aunque la ISESCO tiene derecho a promover los valores islámicos, algunas de las prácticas que promueve pueden considerarse contrarias a los principios internacionales de derechos humanos de tratados como el Convenio Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos y la Convención de Derechos del Niño, de los cuales son firmantes los estados de la OIC. La ONU no tiene por qué colaborar de ninguna manera con su empeño en defender la planificación familiar responsable. Es más decepcionante aún, porque el enfoque basado en la Sharia de la ISESCO aquí descrito es sólo el modo más conservador de establecer la ciencia de la salud reproductiva en el marco de los valores islámicos. Existen alternativas, como un programa promovido por el Fondo de Población de las Naciones Unidas que forma a clérigos afganos en aspectos de la salud y derechos de las mujeres.

La cuestión general sigue siendo: ¿cómo explicar el malestar de la ciencia musulmana y qué se puede hacer al respecto?

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Referencias

1. “Exclusive: Paper Co-Authored by Iran’s Science Minister Duplicates Earlier Paper – September 22, 2009,” The Great Beyond. Available at blogs.nature.com, accessed 28 November 2009.

2. Borzou Daragahi, “IRAN: Proposed Education Minister Accused of Making Up His Degrees,” Los Angeles Times (August 29, 2009). Available at latimesblogs.latimes.com accessed 28 November 2009.

3. Pervez Hoodbhoy, “Science and the Islamic World: The Quest for Rapprochment,” Physics Today (August 2007). Available at ptonline.aip.org accessed 25 November 2009. Hoodbhoy is also the author of Islam and Science: Religious Orthodoxy and the Battle for Rationality (London: Zed Books, 1991). See also the special issue of “Islam and Science,” Nature 444, 19 (2006).

4. Ehsan Masood, “New Wave for Islamic Science,” BBC News (February 16, 2009).

5. http://www.isesco.org.ma/english/publications/ISESCO%20Guide%20for%20the%20Incorporation/Menu.php; accessed 25 November 2009.

6. http://www.isesco.org.ma/english/publications/ISESCO%20Guide%20for%20the%20Incorporation/P1.php.

7. http://www.isesco.org.ma/english/publications/Protection%20of%20islamic%20and%20chrestian%20holy%20sites%20in%20Palestine/p18.php; accessed 25 November 2009.

1 Comentario

  1. Un interesante aporte, gracias.

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