La creencia en el progreso científico aumenta la satisfacción vital

Publicado

De acuerdo con datos de una encuesta internacional, el porcentaje de personas que creen en Dios ha disminuído significativamente entre 1991 y 2008. Esto es paradójico a primera vista, habida cuenta de las probadas ventajas que aporta la religiosidad a la vida de la gente en términos de satisfacción vital, salud o felicidad. Entonces ¿por qué las personas dejan de creer en algo que les hace en general más felices, saludables y satisfechos?

Una explicación alternativa es que las “creencias seculares” hereden el papel tradicional de las creencias religiosas en las sociedades más secularizadas. Por otra parte, las ventajas adicionales de la religión podrían desaparecer o al menos diluirse dependiendo de que vivamos o no en una sociedad mayoritariamente religiosa (Eichhorn, 2011).

La “creencia en el progreso científico-técnico” es uno de los principales candidatos seculares para reemplazar a las creencias religiosas.

Irónicamente, la creencia en el progreso científico-tecnológico podría desempeñar un rol psicológico similar a la superstición, proporcionando una especie de escudo contra la ansiedad existencial y ayudando a crear un sentido de orden, predicibilidad y control: “creer en que los científicos descubrirán una cura contra el cáncer, hallarán fuentes de energía ilimitada o prevendrán el impacto de un asteroide sobre la tierra podría recuperar un sentido de control sobre la propia vida, el futuro y el medio ambiente”.

Un equipo dirigido por Olga Stravrova, de la universidad de Colonia, en Alemania, acaba de publicar (Personality and individual differences, 2015) un trabajo que examina la asociación entre la creencia en el progreso científico-técnico y la satisfacción vital de la gente, sobre todo en la medida en que esta creencia pudiera transmitir un mayor sentido de control sobre el mundo y las propias personas.

Los autores suponen que la asociación positiva entre la creencia en el progreso científico es mayor cuando los individuos viven en común dentro de una “realidad compartida” (“shared reality”), es decir, cuando comparten una serie de creencias que han pasado un test de “verificación social”, llegando a ser percibidas como “realidad objetiva”. Estas creencias compartidas ayudarían a reducir la incertidumbre vital y pueden ser tanto de naturaleza “religiosa” como “secular”.

Stavrova y sus colegas han diseñado dos estudios, uno orientado a examinar la asociación entre la creencia en el progreso científico y la satisfacción vital basado en una muestra representativa de la población holandesa, y otro basado en una muestra internacional de 72 países, orientado a averiguar si la creencia en el progreso científico es o no una fuente universal de satisfacción vital.

El primer estudio representa la primera evidencia directa de que la creencia en el progreso científico-técnico mejora la satisfacción vital de la gente. Aunque el efecto no es muy grande, dobla al efecto de los ingresos en la misma variable, y es comparable al efecto de la extraversión, considerados predictores tradicionales de satisfacción vital.

El segundo estudio mostró también una relación positiva y significativa entre creer en el progreso de la ciencia y tener una mayor satisfacción vital. Es más, los resultados mostraron que esta creencia secular es un predictor más robusto de satisfacción vital, no sólo en el caso de Holanda, sino en una mayoría de los países encuestados (41 de 72) con respecto a la religión.

Aunque el efecto es modesto (entre r = .10 y = .20 dependiendo de países) el hecho de que las creencias sean más maleables que los rasgos de personalidad, incrementa –según los autores del trabajo– las probabilidades de intervenciones que tengan éxito para cambiar la “realidad compartida” de las sociedades.