El riesgo de ser no creyente en Nigeria

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África es quizás el continente donde resulta más difícil estimar el porcentaje real de no creyentes, agnósticos o ateos, y su peso en la vida pública. La medida en que los gobiernos son “seculares” también es variable e incierta en un continente considerado como uno de los más religiosos, con una creciente comunidad cristiana e islámica. Según la contribución de Baffour K. Takyi al manual de Oxford sobre secularismo la estricta separación entre la esfera secular y religiosa no es aplicable al África subsahariana: “a diferencia de otras partes del mundo, los africanos siguen siendo muy religiosos y no parece que vayan a dejar de serlo”. El secularismo africano se considera que sólo pertenece, en este sentido, al “área de la retórica”.

Bajo estas condiciones, los individuos y grupos que escogen un punto de vista netamente humanista, científico y secular, en particular dentro del África subsahariana, constituyen una minoría marginal y especialmente vulnerable a las presiones de los poderes religiosos y políticos.

Esto es lo que parece que está sucediendo en Nigeria a medida que aumenta la influencia del islamismo. Existe una preocupación concreta por el destino que espera a los humanistas del norte de Nigeria. Lo explica Nuhu Othman en el instituto Gatestone:

Antes de la la adopción de la Sharia en la mayoría de los estados del norte de Nigeria en 2000, el código penal se limitaba a los temas civiles. Tras esto, los casos criminales se situaron bajo la jurisdicción de los tribunales de la Sharia. Los sospechosos comienzan a ser acusados de ofensas como blasfemia y adulterio. Para empeorar las cosas, incluso cuando los casos son sobreseídos por la corte suprema nigeriana, los acusados siguen siendo estigmatizados en sus comunidades. Esta es el destino probable de los miembros de la sociedad humanista, particularmente si son percibidos como un peligro en las siguientes elecciones.

Las declaraciones y convenciones de derechos humanos reconocen el derecho fundamental a la libertad religiosa, que incluye el derecho a cambiar de religión o ser ateo. En este sentido, el destino de los secularistas nigerianos y de los demás países africanos no debería ser ignorado por las instituciones internacionales y por los estados con los cuales mantienen cualquier tipo de relación diplomática, económica o política.